Sosteniendo la Pared, 27 de octubre 2012

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Entrevista en Poder Ciudadano, Canal 5 TNU, 22.9.2011 (primera parte)

Entrevista en Poder Ciudadano, Canal 5 TNU, 22.9.2011 (segunda parte)

Caso Trigo (en Cámara Testigo, 9 de mayo 2011)

miércoles, 9 de enero de 2008

Recibimos y compartimos: Carta de Miguel Ángel Olivera

El escritor y ex preso político uruguayo Miguel Ángel Olivera colaboró con nuestra revista desde la primera edición, solidariamente, como lo han hecho todos nuestros colaboradores, ya que -en el caso de que sus trabajos tuvieran “precio”- tampoco tendríamos nosotros cómo pagarlos. Bueno, la cuestión es que tampoco las relaciones humanas deben tercerizarse. Por no tener ello en cuenta, fue que nunca le llegaron nuestras revistas al compañero Miguel Ángel Olivera (alias “El Cristo”), razón por la cual le enviamos personalmente un paquete a su nombre con los primeros diez ejemplares. Lo que queremos ahora es compartir con nuestros lectores la comprometedora-elogiosa opinión de Miguel sobre el contenido de nuestro ex mensuario. Vayan dedicados estos conceptos -muy especialmente- a todos cuantos nos siguen considerando “traidores” a nuestra irrenunciable izquierda uruguaya. Todavía tenemos tiempo de defenderla. Y lo estamos haciendo.

Salú Fredy, recibí el paquete con las 10 revistas. Te agradezco. Pocas veces se tiene este casual privilegio de contemplar una globalidad, un cúmulo, un “paquete” de 10 números juntos de una publicación periódica y poder valorarla su resultado como “producto anual”, digamos...
Haberla leído ejemplar por ejemplar, mes a mes, quizás no hubiese tenido este efecto que me causó poder apreciarla en su peso, su volumen, su contenido, su alcance...
Y no hablo del peso en papel, del tamaño físico, del espacio que ocupa su formato... hablo de su filo, de su calibre, de su en/verga/dura, de su profundo alcance de pene/tración en las cabecitas analíticas... que tanto necesitan -necesitamos- de insumos ideológicos para elaborar, para convencerse y con/vencer, para decidirse y plantarse en el mundo más armados que antes...
Quiero decir que entiendo que la “González” es una revista con güevos... una public/acción fálica, una cojuda contribución a la reflexión, al debate, a la acción efectiva de las ideas... y no de cualquier idea, sino de las ideas correctas, las que mojan, desafían, forman, foguean...
(y que me perdonen l@s feministas y l@s defensores del enfoque de género... pero es que la “González” le zafa al brete de las publicaciones “mariconas”, las “aydemí”, las cuidaditas, las neutras... y que conste que sólo soy “homofóbico” en materia de ideas y de expresiones, no en la vida que duele...).
Rechazo las cancioncitas vanas y banales, los libritos “correctos”, las estéticas rebuscaditas y posmodernosas, las voces chiquititas que no joden a nadie...
La “González” jode -y está bien que joda- toca, pincha, golpea, sacude... pega y vuelve a pegar, como debe ser...
Ver los diez números es como ver a un púgil a lo largo de su pelea a 10 rounds... se le puede estudiar todos sus movimientos y sus posibilidades, evaluar su condición para futuras peleas por títulos y palmarés, que seguro vendrán, y serán de más largo aliento, de 12 rounds y más, y varias veces, donde el aire y el punch deberán redoblarse, y las piernas y el cross deberán ser de fierro... Porque todo cinturón con laureles exige tal cosa...!!
Y la “González” pinta para eso...
Y la veremos lidiar, y ganar -tanto y más que ahora- y le estaremos dando nuestro apoyo no desde el cómodo sitio del ring side con una rubia en la falda -ese lugar tan cercano al ring pero tan ajeno a la vez- sino desde su propio rincón, arremangados y esponja en mano, enjugando sudor y restañando heridas para continuar el combate...
No sólo hinchas gritando, sino colaboradores apoyando la gesta del gladiador... Como debe ser...
(Publicación valiente, la “González”, de las pocas que hay, fuera de los mandaderos alcahuetones del periodismo “light”, a la uruguaya, ese que aplaude cuando cae Lanata por un golpe bajo, y le cuentan los 10 segundos a coro con el árbitro yuto, y vivan el OUT!! ordenado por los patrones de la maffia, y se quedan calladitos después, cómplices, respirando aliviaditos, porque “por suerte ahora ya no hay pesos pesados que comprometan a más a este pugilismo oriental”,... boxeo de cuarta, con la sola y liviana y triste categoría de “peso gallina”...(!!)
Hay un San Dogomar que nos está mirando -a todos los púgiles de las letras- y se lamenta de que haya tan pocas oportunidades de decir: “valiente, el uruguayo...!!” salvo en el caso de la “González” y algunas pocas publicaciones más...).
Así la veo, Fredy, a esta patriada “González”, periodismo candente, voz de los muchos, menú casi indigesto para estómagos delicaditos, esos que no son hijos del rigor sino de los permisos, no padres de la verdad rigurosa sino papitos del entretenimiento del lector -o peor: del entretenimiento de la militancia (!!), lectores conductistas de lo que les dejan leer esos periodistas que escriben lo que les dejan escribir, o peor, lo que les dicen que escriban...
A los falsos profetas mediáticos y a sus discursos fatuos se les combate así, a pura conceptualidad contundente... con periodismo lúcido e iluminador...
Salú y Larga Vida a la “González”...!!
Miguel Ángel Olivera

Agítese antes de usar

“Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.
La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar
libre como el viento”.
León Gieco.


Primero fue la luz. Pero antes fue la oscuridad. Y antes de la oscuridad y de la luz fue el miedo y la incertidumbre. Nomás cosa repetida. Así hemos estado desde entonces. Construyendo luz y oscuridad. Trabajando por la una o por la otra. Tomando partido. Cada quien lo suyo. Procreando mitos, supersticiones y fanatismos. Pariendo libertad, amor y solidaridad. Enfrentándonos y renaciéndonos sin ave fénix. Desde cenizas propias o ajenas. Confabulando dioses y dogmas. Fabulando historias de herejías y traiciones. A pleno empeño, levantamos y volteamos imperios y conceptos. Nos equivocamos y recomenzamos. Nos mataron y matamos. Pero el Hombre, ese defecto de la virtud, siguió intacto pese a todo. Inédito, fundacional, hidalgo, valiente, cobarde y mortal. Aprendiendo, hizo del pozo de agua un bien común. Lo construyó, lo repartió o se lo robaron. El Hombre siguió creciendo del agua que lo creó. Atrapó el viento y lo convirtió en harina. Alzó la idea y sustentó su obra. Le puso piel, y fue la suya. Le agregó la palabra y fue invencible. Sembró la palabra, que fue agua y harina, y creció en el pan que alimentó la lucha. Después cantó. Y descansó un día, que no fue el séptimo.
Primero fue el grito. Pero antes fue el silencio. Y antes del antes fue el reino de la oscuridad que imperó antes de la luz, cuando el Hombre gritó por primera vez. Reverenció cuando malentendió su pequeña estatura. Maldijo por lo mismo. Quedó paralizado frente a su propia inmensidad, que puso afuera. Confundió amigos y enemigos. Enloqueció ante sí. Renegó de la cordura que puso cada color en su lugar. Enfureció contra el paisaje. Se odió y gritó por segunda vez, la vez que fue escuchado. Y se creyó el centro del universo. Dios y dogma él. Altísimo, purísimo y uniquísimo. Sintió el deber-derecho de imponer su razón a los demás. Peleó por conquistar. Mató y lo mataron. Siguió peleando hasta hoy. Siguió colonizando. No logró alcanzar las uvas y asesinó al sol. Se comparó con todo lo demás. Se dolió, lloró, sufrió la soledad. Y gritó una tercera vez pidiendo ayuda. Se tornó comunidad. Desafiló sus garras. Destrozó toda su obra. Y volvió a crear desde la nada, sabiendo ya que la nada no existe en tanto él no la construya, destruyendo. Y descansó un día, junto a los suyos, renaciendo juntos.
Primero fue la guerra. Pero antes de la guerra fue la paz. Y antes de la paz y de la guerra, que sucedió al silencio, al grito, a la oscuridad y a la luz, fue la ambición. El Hombre desaprendió tantas veces como fue parido. Y sigue desaprendiendo hoy. Sus dioses ya no son el trueno y el rayo. Son todavía menos intangibles que la tan simple naturaleza, y mucho menos pródigos. El Hombre no los puede tocar, aunque los nombre. Y al no tocarlos, perdió el sentido del tacto. Y al no tenerlos, quedó ciego. Y de tanto nombrarlos, quedó mudo. Y de tanto gritarlos, quedó sordo. Y de tanto correr tras ellos, perdió el rumbo y el olfato. Y de tanto no alcanzarlos, negó ante sí el gusto de poseerlos. Pero sin sentidos el Hombre siguió. Y cayó muerto. Y otros Hombres que lo vieron comenzaron a entender por dónde no va la vida. Y entonces renacieron. Y un día, que todavía no es, fueron el Hombre nuevo que con sangre en La Higuera quedó sembrado para alguna vez.
Ladrillo por ladrillo y sangre por sangre, el Hombre se fue haciendo a sí mismo y procreando la especie que debe ser mejor mañana. Así lo dicta la evolución desde las cavernas hasta la involución de los edificios. Lo marca el paso del Tiempo, de ese mismo Tiempo que pasa sin quedársele, sin adherírsele, casi sin reconocerlo. Como si el Tiempo no hubiera sido creado por él mismo para habitarlo y crecer en él. Y conociendo la ingratitud del Tiempo, el Hombre creó la Historia. Y la dejó ahí. Escribió libros, relató hechos, y los dejó ahí. Levantó bibliotecas, construyó museos, fundó universidades, foros, cátedras, emblemas, símbolos, ideologías, fronteras, y los dejó. Entonces la Historia y el Tiempo, mucho más sabios que el Hombre que los creó, forjaron la Memoria. En ella estamos todos, pero vivimos como si no lo supiéramos. Va en ella nuestra acción y nuestra abstención, esa otra forma de acción. En ella está retratado nuestro asombro ante la luz, nuestra incertidumbre y nuestro miedo ante la oscuridad, nuestro silencio y nuestro grito, individual y colectivo, nuestro dolor, nuestra alegría, nuestro llanto, nuestras conquistas y nuestra soledad. En fin, toda nuestra obra, nuestro Tiempo y nuestra Historia. No la busquen en los centros de enseñanza. No está en los templos ni en las enciclopedias ni en los cementerios. No es tan frágil para vivir entre cuatro paredes o dos tapas de cartón prensado o muy falsos informes oficiales. Viene ahí. Está en la calle, en las paredes, en vos y en mí. Está en el Hombre que la negó más de tres veces y no sólo se llamó Pedro. Acompaña los escraches, llega junto a los reclamos populares más legítimos. Sufre el frío de tu olvido, pero vive a la intemperie y sin más trapos. Se rebela en cada ley de impunidad, en cada pacto de los engañadores y apaciguadores. Está en tu futuro y en el mío, para que la muerte no sea del todo cierta. Y no murió siempre que la matamos.
Primero fue la Memoria, lo sigue siendo, hija del Hombre, del Tiempo y de la Historia. Todo lo demás vino después: el trueno, el rayo, el agua, el viento, la palabra, el dogma, la furia, el miedo, el sol, la lucha, los sentidos, las ganas de libertad, las guerras y las guerrillas, las muertes, las desapariciones y las mentiras. No te asocies con ella, que tiene agallas. No vayas por su ayuda, que sólo te compromete. No busques su compañía, que la tienen marcada, fichada, maldecida. No intentes descifrarla, que es materia prohibida. No trates de ocultarte, que te conoce de memoria. No te inclines a su juicio, que es impiadosa. No le preguntes nada, que te lo dice todo. Ella puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos sobrevivir sin ella. Dejala ahí. No indagues. No la busques. Que se te pasa el informativo de la tarde.

Colores alterados

“Porque ese cielo azul
que todos vemos
ni es cielo, ni es azul”.
Homero Expósito.


Lo que quedó de la sangre arrebolada, del furor, del rubor de tus mejillas, de la revolución de octubre, de la rosa suicida por su propia espina, no es más que polvo de ladrillo. Rojo como la sangre, el furor, la rosa, tus mejillas, la revolución. Inocuo polvo volcánico barrido bajo la alfombra roja y protocolar de una escenografía de televisión. Rojo ceibo trucado en photoshop. Churrinche rojo, agonizante en las suburbanías de la más roja venganza. Diluída pintura de un paisaje en llamas, comida por la humedad. Polvo semen cemento de ladrillo. Todos contra la pared. La boca abierta. La roja lengua sedienta, curtida y sin coartada de un nuevo tiempo al pedo. Será que había que hablar un poco menos, nada más.


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Allá, muy en el fondo, él sabía que moriría sin honor ni gloria. Pero arremetió con fuerza contra todos sus miedos propios y ajenos, se mandó de un trago cada uno de los domingos por venir, quemó todas las naves de su pasado y salió a la calle, sin fotos ni recuerdos. Nadie había donde había que haber. Ya lo sabía de antes. Siempre es mejor perder bien que ganar mal. No predijo. No maldijo. Tragó saliva, mordió la bronca. Para algo nacemos, se susurró. Y empezó a rodar en una muerte tan anónima como el rostro eventual de su enemigo. Sin heroismo. Sin pena. Amaneció en la crónica roja de un mundo que era a través de él, como debía haber sido antes de la emboscada.

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Uno al lado del otro, como cada día, temblando ambos. Nostalgiando separados, cada uno. El amor hace diez años era otra cosa. Los silencios eran palabras. Las palabras ya no tenían sentido a la hora de callar. Una antorcha de tristeza iluminó toda la casa. La escasa. La no planeada. La devenida. La malvenida. Cayó la luna roja. Llegaron las visitas. Sólo encontraron las piezas esparcidas de un muñeco a cuerda.

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El puño en alto y la calle nuestra, las piedras en la mano, el humo de la pólvora, la libertad por todos. La flaca suerte de la mala guerra necesaria. Los caballos. El golpe por sorpresa. El mundo ancho y ajeno. Los gases. El francés mayo uruguayo. Las cosas por su nombre. La niña roja en la mira del francotirador. La mesa familiar. El mutismo cómplice. La mira de su padre apuntando a la mesa. Los platos sucios.

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Cuando chicos, éramos todos pobres. Pero pobres parejo. Vivíamos pobres y comíamos pobres. Pero comíamos y vivíamos. Una pobreza digna. Todos sabíamos lo que podía ser y lo que no. Era un tiempo de aprender para mañana. De lápices fáber, de papel garbanzo, de crayolas rojas. De un mundo por llegar. Que llegaría. Pelota y catecismo mientras tanto. De padres laburantes. De aguja de coser, de remendar. Cuidar la última túnica. La ilusión. La linda de la clase, que nunca nos dio bola. Los sábados de super acción. Domingos aburridos. Lunes de trampa para faltar a clase. Y los cuadernos más íntimos y escondidos donde nos contábamos historias de vidas ajenas que ya dejaban de serlo.

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¿Por qué habrán perdido sentido las palabras rojas, volumen, peso, razón? ¿Cuándo fue? ¿En qué tango o rock mal parido a desgano? ¿En qué despilfarro lunfardo o académico? ¿Con qué mala intención o insanía? ¿En qué bardo, barro, bando?¿Quién las trampeó a favor de quién? ¿Dónde las escondieron para ahora? ¿Cómo te explico sin su auxilio? ¿Cómo te defiendo sin su nombre? ¿Cómo te encuentro sin su rastro? ¿Cómo te hablo sin embaucarte, sin engañarte, sin saber cómo decirte lo que quiero que entiendas? ¿En qué renglón contranatura las encuentro? ¿En qué biblioteca o prostíbulo? ¿A quién se las reclamo? ¿Quién tiene la culpa? ¿Quién se pasea impune sin todas ellas para asegurar su impunidad? ¿Quién dice conveniencia donde dije beneficio? ¿Limosna donde dije derecho? ¿Quién habla de menos?

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Vivimos la incomunicación en plena era de la comunicación. Antón pirulero. Cada cual que atienda su juego. Somos individuales, corporativos. Ya no somos cuando éramos. Y el que no, una prenda tendrá. Y el que no, será traidor a nuestra nueva formúla de desvivir. De incooperar. Antón, Antón, Antón. Y el indisciplinado que no, será expulsado de la nueva ideosincrasia. Nuevo slogan vivendi. Neoideología trucha. Será desterrado, extraditado, comido por los piojos rojos del pasado que pasó sin ojos en la nuca. Culpable de lesa inhumanidad. Quedará aislado, exiliado, apartado, solo. Como todos nosotros.

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La vida era nuestra, pero no. La vida es del marqueting. La tierra era nuestra, pero no. La tierra es de quien pueda comprarla. El agua era nuestra, pero no. Pero no. El gobierno era nuestro, pero no. El gobierno es de quien mejor sepa relacionarse con el mundo exterior. La patria era nuestra, pero no. La patria es de quien se nos ordene que sea. El agua era nuestra, pero no. Pero no. Lo teníamos bien claro. Un rojo claro. Sabíamos dónde ir y cómo llegar. Conocíamos los porqué de los efectos de las causas. En fin. La incertidumbre y el desconcierto no eran nuestros, pero sí.

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Los hombres y las mujeres de esta tierra celeste crecieron rojos para alertarnos del futuro gris. Entre tantos colores, eligieron el rojo de la pasión y la furia. Tinta roja en el gris de un ayer aguerrido. De jugarse la última y la primera. La sangre común. Las epopeyas. Foto velada. Vana inmolación en esta hoy roja hoguera de ideas quemadas, negociadas, asesinadas, adversas. Luz roja alerta sobre el presente irresponsable. Luz roja de aún estamos a tiempo, pero si es ya. Roja luz de último aviso si acaso nos permiten. Abras(z)adora luz roja, azul y blanca, la aquella nuestra, la secuestrada y violada en las urnas.

Confabulando KARAOKES

Desde que dirigía el mensuario "La Colonieta" -en Colonia (y en todo el mundo)- me divertía mucho cambiar las letras de las canciones, adaptarlas a temáticas de actualidad, reformularlas, subliminarles una nueva intención, una nueva dirección, un nuevo destino, seguramente parodiando-emulando el oficio de los letristas de murga, que toman canciones prestadas para expresar otras cosas sobre el escenario, generalmente críticas. Con el mensuario "González" a veces me pasó lo mismo, aunque ya el aspecto lúdico de la presunta creación no era el mismo. Tenía una mayor distribución que aquella primera publicación propia, lo cual redundaba (mal) en considerar que ya no era "socialmente correcto" tomar para la chacota algunas cuestiones. Sin duda consideraba mal, y por eso reincidí más de una vez en aquel primigenio ejercicio de componer letras de canciones modificando los textos originales de las mismas. No sé por qué, un día se me pasó por la cabeza que esas neocanciones venía bien que fueran cantadas y dadas a conocer con su ritmo y melodía original más allá del papel. No sé por qué, un día se me ocurrió que todo esto bien podía convertirse en una suerte de karaoke (esa nueva inapetencia musical nacida pocos años atrás) para ser irradiado en el programa "Sosteniendo la pared" (por más detalles, ver en los enlaces "recomendados" de la izquierda -de la izquierda de la página, por supuesto-). Así me lo propuse, y me dispuse instalar en la computadora uno de esos programas de karaokes (los que tienes las letritas abajo). Pero, claro, desde hace bastante tiempo que no puedo cantar más que alguna chamarrita en re mayor, la que incluso por momentos se me pela pa'l re # mayor, pa'l mi mayor, o para cualquier otra distancia mayor (también) dentro (y hasta fuera ¿?) del pentagrama, casi casi como les ocurre a la gran mayoría de los popularizados intérpretes de moda. Ahí fue que apareció Inti Silva, una mujer de veinte años que supo compartir estas intenciones a raíz de vivencias propias y de las heredadas de su padre Nell Silva, un ninguneado cantor uruguayo que falleció a los 50 y poquito, antes del siglo XXI, más problemático y menos febril que el XX. Eso fue en setiembre de 2007, y desde ese mes y año para acá venimos grabando periódicamente estas neocanciones que queremos comenzar a compartir con ustedes, ahora ni en papel ni en aire, escritas en esta nueva dimensión que llaman ciberespacio. "Confabulando karaokes" es el nombre de la sección. Y si usted quiere las integra como propias a su repertorio privado. No deje que otros lo hagan por usted... Comencemos a vocalizar en consonantes.

Pies descalzos y sueños blancos (de Shakira)

Perteneciste a una barriada antigua
de pies descalzos y esperanzas viejas.
Fuiste niño, adulto luego,
¿recuerdas qué ómnibus te lleva hasta La Teja?

Te bancamos los estudios con el sudor de tu vieja,
te ayudamos a graduarte de doctor en la pobreza,
te cuidamos, te mimamos, te vestimos de etiqueta,
pero elegiste asociarte a alguna logia secreta.

Y ahora estás ahí,
sonriendo tan feliz,
cuando no te importó un pepino mi destino.

Perteneciste a un partido proscripto
pero nunca estuviste perseguido,
fuiste candidato y luego
pasaste de intendente a presidente.

Construiste un mundo propio, alejado de nosotros,
cada cosa calculada en tu espacio y a tu modo.
Y ahora a mí que no me cierran las entradas, las salidas,
no importó más de mi vida y me cambiaste por el Fondo.

Y ahora estás ahí,
negando tu raíz,
sin que te importe un corno mi destino.

Perteneciste a una nueva barra
de amigos proimperialistas y
neoliberales, invasores,
colonialistas y trasnacionales.

Perteneciste a una barriada antigua
de pies descalzos y esperanzas viejas.
Fuiste niño, adulto luego,
¿recuerdas qué ómnibus te lleva hasta La Teja?

Y pagar la deuda a punto,
cumplir con los intereses,
condenar el tabaco
y el aborto en las mujeres.

El decreto contra el agua
y el I.R.P.F.,
la salud y la enseñanza
y el abrazo a Bordaberry.

Cumplir con los mandados
rápido y prolijito,
¿qué dirán tus compinches
del Club Arbolito?

Contaminar el ambiente,
reprimir la protesta,
almorzar con ADM
y no hablar con la prensa.

Recordar que tu puesto
lo pagó la izquierda,
pero circular siempre
por la mano derecha.

Y al entrar al cuartel
es mejor olvidar
tantas negras historias
y la marcha bailar.

Y bailar y bailar…

martes, 8 de enero de 2008

Olvídame y pega la vuelta (de Pimpinela)

Hace dos años y pico que vivo sin él,
en total casi mil días queriendo entender
por qué razón destruyó mi confianza en su administración,
pero de tanto pensarlo, de pronto una tarde volvió.
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¿Quién es?
- Soy otro.
¿Qué vienes a buscar?
- Tu voto.
Ya es tarde...
- Lo noto.
Que en este pueblo a pueblo no estoy para la foto.
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Por eso vete, no busques mi nombre, mi cara, mi casa en Tomás Gomensoro.
- Yo sigo siendo el de ayer.
Vete, que en todos tus gestos, palabras y actos mentiras denoto.
- Tené paciencia, entendé.
Vete, olvida que existo, que estuve afiliada y que te di mi apoyo.
Olvídate todo que ya en esta iglesia no quedan devotos.
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En busca de un cambio en serio un día voté,
de una patria igualitaria que no encontré,
y al descubrir que era todo una gran fantasía rompí
mi credencial, mi carné, mi bandera, y de pronto te vi.
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¿Qué hacés?
- Te vengo a oir.
No hay nada más que hablar.
- Mirá que sí.
Adiós.
- ¿Por qué?
Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti.
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Así que ¡fuera!, guardate las urnas, andate a la ruta y pegate la vuelta.
- Segunda vuelta no va a haber.
¡Fuera!, olvida mis ojos, mis manos, mis labios, que no te desean.
- El presidente es Tabaré.
¡Fuera!, dejá el pueblo a pueblo, ¿no ves que en la calle la gente festeja?,
- ¡¡¡¿Sí...?!!!
La gente del Guapo, la gente del Cuqui
y la gente del Ceja.
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Por eso vete, recorre los barrios de España, de Francia, de Australia y de Suecia.
- Ya he realizado esa tourné.
Vuelve, andá despacito y más que pueblo a pueblo hacé un puerta a puerta.
Porque es posible que ya tus votantes se te hayan piantado fuera de fronteras.
Andá y respondeles por qué es que no pueden
pegarse la vuelta.

Cafetín de Buenos Aires (de Discépolo y Mores)

De chiquilín te anhelaba de afuera
entre esas ruinas que el tanque arrasaba,
la ñata contra el logo
de blanco, azul y rojo
que sólo fue después, al tiempo,
peor despojo.

Como una escuela de amor por los otros
en tus talleres me diste un manojo
de compañeros,
de fe marxista
y hasta algún pacto naval.

Cómo olvidarte en esta queja
comité del Frente Amplio
si sos lo único en la vida
que al Katrina se asemeja.

En tu mezcla artificiosa
de masones y anarquistas
me eduqué con la teoría
de romper la asimetría cruel
del dueño del capital.

Pero un buen día mezclaste en la lista
una ensalada de nombres extraños:
Valliant el colorado,
Sarthou que aún cree y espera
y hasta Zabalza que se fue
pero aún nos mira.

Mientras tus bases, que nunca preguntan,
calladas lloran su cruel desengaño,
muerden sus penas,
gastan sus años
y se entregan sin luchar.

Cómo olvidar en esta queja
tantos seres que lucharon
y pagaron con su vida
la esperanza que se aleja.
Si el festejo era uruguayo
y la idea se suicida
hay que rearmar la utopía,
no entregar esta partida, no,
o aceptar yes sir, my god.