Sosteniendo la Pared, 27 de octubre 2012

Sosteniendo la Pared en Twitter

Entrevista en Poder Ciudadano, Canal 5 TNU, 22.9.2011 (primera parte)

Entrevista en Poder Ciudadano, Canal 5 TNU, 22.9.2011 (segunda parte)

Caso Trigo (en Cámara Testigo, 9 de mayo 2011)

jueves, 17 de julio de 2008

Heridas abiertas



Con Rubén Olivera, de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos

Una multitud volvió a congregarse en la 13ª Marcha del Silencio realizada el pasado 20 de mayo. Una vez más se exigió Verdad y Justicia sobre los crímenes de lesa humanidad perpetrados a la sombra de la todavía impunidad. La voluntad política demostrada por el gobierno del Frente Amplio hacia esa exigencia popular se presenta difusa y no está a la debida altura del reclamo legítimo. Los mínimos hallazgos de menos del uno por ciento de nuestros desaparecidos no fueron consecuencia de la investigación oficial sino de la mera casualidad. Declarar nula la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado configuraría una positiva reapertura de puertas hacia la investigación a fondo y su consecuente castigo a los criminales responsables. En el Parlamento no se cuenta para ello ni siquiera con los votos de los legisladores de la coalición gobernante, hecho que resulta al menos paradójico, más aún considerando que la inmensa mayoría de los desaparecidos pertenecieron a esa misma coalición, es decir, fueron compañeros de lucha de quienes hoy gobiernan. Sobre estos más de treinta años de impunidad, sobre la memoria y la identidad de la sociedad oriental, dialogamos con Rubén Olivera -cuyo hermano también se encuentra desaparecido- cantor popular e integrante del colectivo Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos.

“Pero por qué hablo yo solo
y nunca te puedo escuchar,
si en este mundo todos tienen
alguna historia que contar.
Es que me olvido que tú vienes
desde otra muerte a visitar,
que siempre cuidas a tus vivos
como cuidamos de vos, pero
no es llevándote unas flores,
si no sabría a qué lugar;
A veces te cuido en carteles…”.

(frag. “Visitas”, de Rubén Olivera)

- Tras haberse llevado a cabo una nueva Marcha del Silencio, queremos consultar tu opinión respecto de si, como sociedad, los uruguayos tenemos integrada la figura del detenido-desaparecido o si acaso pensamos simplemente que es gente a la que se mató y listo.
- Es increíble cómo el tema está presente ya como parte de nuestra identidad. Estamos hablando de más de treinta años de la primera persona desaparecida, y sin embargo lo lento que es por ejemplo legalmente incorporar esa figura. Recién en este momento se formó la figura de lo que se llama la “Convención contra la desaparición forzada de las personas”. Se estuvo durante más de veinte años tramitando ante las Naciones Unidas, ahora se la mandó a los países para que la ratifiquen, y entre otras cosas contiene una serie de leyes en cuanto a reparación. Recién ahora se está procesando eso. Parece que tanto a la parte jurídica como a la gente le cuesta incorporar un tema que cuando uno lo toca quema, y de ahí los llamados al olvido, a que ya pasó, a no reabrir heridas, que como dice Juan Gelman en realidad jamás se cerraron. Parece que recién se está incorporando el tema de la memoria como un asunto a desarrollar en lo que puede ser un país que decide olvidar su pasado, olvidar su memoria, y transcurrir como si nada hubiera ocurrido; algo así como contentándose con que ya aparecieron dos restos y que de Argentina se trajeron algunos más que estaban en tumbas NN, que se identificaron como uruguayos. Pero los desaparecidos son más de doscientos, ya vamos por la décimo tercera Marcha del Silencio y van a seguir hasta el final por Verdad y Justicia. El año pasado se creó el Museo de la Memoria y hay proyectos como para seguir instalando en todo el país huellas o marcas de la memoria para que se recuerden hechos que ocurrieron durante la dictadura en esos lugares. Cada elemento de la verdad que aparece abre nuevas cajas chinas, unas adentro de las otras. Lo que Familiares ya sabía respecto de la existencia del segundo vuelo y de que habían sido todos asesinados sale a la luz a partir de una información de la Fuerza Aérea , pero después resulta que “nadie sabe nada” de cómo fue eso. De cada nuevo hecho en que se revela la verdad no hay retorno y creo que la sociedad precisa de esa verdad para sanearse, para seguir transitando una verdadera paz, no sólo para los familiares sino para la sociedad en su conjunto; seguir transitando los caminos hacia la verdad y la justicia.
- Tampoco hay ya no sólo pedidos de perdón o expresiones de arrepentimiento de parte de los represores, sino que también continúan haciendo apología de lo hecho. A cada rato escuchamos militares hablando de que lo que hicieron casi estuvo bien…
- Exacto. El proceso es muy interesante, porque al principio era la negación, el decir que nada de eso había ocurrido y que todo era mentira. Después era simplemente corregir que habían mentido sobre donde se encontraban los cuerpos, cuando en realidad los restos que aparecieron, de Fernando Miranda y Ubagesner Chávez Sosa, fueron por datos anónimos, no por la investigación judicial. De a poco se les va cercando hasta que después lo único que les queda por decir es: “bueno, sí, lo hicimos”; pero no pueden explicar por qué detenían personas, según ellos “terroristas”, no pueden explicar las maneras como los torturaban, no pueden explicar las violaciones, no pueden explicar el robo a las casas de los detenidos y sus familiares para alhajar las propias casas de los propios militares. Hay muchas cosas que no pueden explicar. Y de repente lo que están haciendo es confirmando el tipo de mundo que ese montón de jóvenes cuestionaba desde una postura ética, contra la otra visión del mundo que justifica hacer cualquier cosa. Porque en definitiva los propios represores decían que si la izquierda llegaba al gobierno iban a torturar, iban a matar, iban a secuestrar niños, iban a hacer desaparecer gente; y aquellos que consideraban monstruos terminaron siendo monstruos ellos mismos.
- Hablabas de los dos reaparecidos, que no fue por iniciativa oficial que se encontraron, y también hablabas de la izquierda en el gobierno. ¿Cómo evaluás al actual gobierno -declarativamente de izquierda- en el sentido de los derechos humanos, y qué se podría hacer que todavía no se ha hecho?
- Yo creo que lo que se debe hacer es continuar trabajando. Cualquier gobierno oficial instalado tiene presiones de muchos lados, y también Familiares y la sociedad en su conjunto tenemos que presionar para poder alcanzar lo que se reclama, que como te decía los desaparecidos son más de doscientos y de la mayoría no se tienen datos, pero a la vez hay gente que tiene datos, y cada tanto aparece algún subalterno, algún soldado que dice que tiene informaciones, pero cuando después se le va a pedir esas informaciones dice que no, que ya no quiere, que ya se olvidó; o sea que en cierta manera sigue funcionando algún tipo de sistema de presión. Así que de lo que se trata es de seguir insistiendo. Ahora se estableció la Comisión de Seguimiento, que era algo que pedía Familiares, el seguir buscando la verdad, el seguir abriendo esos archivos que parece que cuesta tanto abrir para conseguir datos de ellos, el seguir peleando. Porque el tema de la desaparición forzada sigue ocurriendo en un montón de países, se siguen abriendo federaciones en Asia, en África… El sistema, a pesar de todos los traumas y los problemas que les trae a los países, parece que les ha funcionado bien a los sectores de poder, así que de lo que se trata es de seguir exigiendo, seguir investigando, seguir buscando, seguir conociendo esa verdad que cada vez que se abre demuestra más de qué sujetos estamos hablando. Sabemos que corremos contra el tiempo, que corre contra la propia edad de los familiares, de las madres, de las abuelas, de los hermanos, pero hasta el final va a haber que seguir buscando caminos para que haya Verdad y Justicia por todos los que vendrán, porque uno trabaja para que no les ocurra a otros lo que a uno le ocurrió.

Tortura a picana, submarino y plantón

Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia

Todos los colonienses convivimos con uno de los más sádicos centros de tortura del interior del país: el Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia, con frente a la avenida Baltasar Brum. Cientos de uruguayos fueron flagelados en ese establecimiento militar, antes y durante la dictadura, algunos hasta la muerte. Porque en el cuartel de Colonia también se asesinó, y de una vez por todas debe salir a luz esta historia de horror, incluyendo los nombres de algunos de los torturadores que todavía conviven con nosotros.
Por Decreto del Ministerio de Defensa Nacional, Orden Nº 450 de la Inspección General del Ejército, con fecha 22 de abril de 1939, nace el Batallón de Infantería Nº 4 de la ciudad de Colonia, hasta ese entonces denominado Batallón de Infantería Nº 11, unidad creada en 1842, durante la Guerra Grande. Su origen, obviamente, no estuvo determinado para la ocupación y represión internas, ni para combatir contra sus propios compatriotas que luchaban por la gestación de una patria más digna y equitativa para todos. Eso vino después. Experiencias anteriores de dictaduras militaristas fueron animando la creación de una fuerza inhumana, sádica, terrorista y antidemocrática, que fundamentaba sus acciones en una mentirosa defensa de esa misma democracia por ella violada. De esa violación nacieron estos hijos, con fecha de parto 27 de junio de 1973, aunque el feto de la traición ya venía desarrollándose desde mucho antes, en el vientre de la mal llamada seguridad nacional, amenazada por ellos mismos. Así, la milicia oriental (aunque con visa extranjera) fue convirtiéndose en una subraza de mano de obra barata y descalificada que atentó contra las mejores ideas de soberanía nacional y contra quienes las sustentaban. Los militares uruguayos (de ideas foráneas) se fueron apartando de sus congéneres, por manija de sobreestimación discriminatoria con matices fascistas, según el grado; con convicción en los altos mandos, con ignorancia de buena parte del personal de tropa, y también con la renuncia de militares realmente demócratas, que luego fueron castigados por serlo, a manos de sus propios ex pares.
Todas las marchas y contramarchas en las investigaciones sobre violación a los derechos humanos, que aparenta estar llevando a cabo el neogobierno progresista, nos llevan a suponer que existen otros acuerdos más profundos y comprometidos que los que se dan conocer, que provienen desde el mismo Pacto del Club Naval y que podrían estar abonando el terreno de una posible ley de punto final, como la que existió en Argentina, y fue recientemente abolida. La impunidad con que se manejan hoy los militares -que, a fuerza de paradoja, estarían aportando pruebas contra ellos mismos...¿?-, incluso a través de veladas amenazas y de confesiones (inconfesadas antes) de haber participado en acciones represivas en el marco del Plan Cóndor, por parte de efectivos todavía en actividad, nos hacen suponer (con muy escaso margen de error) que todas las fuerzas represivas del país continúan intactas y preparadas para actuar contra quien sea, llegado el momento, aunque desde el gobierno se insista con que hoy no están dadas las condiciones para ello. Los militares jamás se manejan con propias estimaciones coyunturales, porque no están adiestrados para un análisis de situación, sino para responder a las órdenes del poder real, el que está incluso por encima de quienes -coyunturalmente- ostentan hoy la administración del Estado, que no así las megadecisiones. Y para intentar crear un país nuevo y limpio de todo pasado dependiente no basta -en este caso puntual- con depurar las fuerzas armadas -como se ha venido diciendo, aunque no se ha hecho- sino que es preciso y urgente el desmantelamiento absoluto de todas las fuerzas represivas, brazo armado del poder real extranacional.
Por eso no alcanza con respetar el cumplimiento del artículo 4º de la ley de caducidad de la pretensión punitiva del estado (ley de impunidad), ni de simplemente identificar algunos de los crímenes cometidos durante la llamada guerra sucia, o con hallar el sitio donde yacen los cuerpos de algunas de las víctimas de esas coordinadas operaciones de inteligencia. Lo que exigimos ante quienes nos marketinean la consigna de un nuevo país es que todos los responsables de esos delitos vayan a la cárcel por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra un pueblo entero, que no prescriben por más tiempo que pase.
El gobierno encabezado por el presidente Tabaré Vázquez nos ha pedido –muy reiteradamente- que colaboremos hacia la construcción de ese nuevo país. Lo menos que nosotros exigimos -por tanto- es que no se haga oídos sordos a nuestra voz.
La nota que estamos prologando es, entonces, un aporte para conocimiento de los gobernantes y para la conciencia cívica de todos los uruguayos, con especial atención a los habitantes de Colonia. Si -por ejemplo- en Argentina logró desmantelarse la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de tortura y muerte de aquel país, ¿con qué parte de nuestra jaqueada dignidad debemos aceptar que el Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia -uno de los mayores centros de tortura del interior del país- se mantenga todavía en pie, para dolor y vergüenza de todos quienes habitamos este pedazo de tierra uruguaya?
Lo que sigue son algunos testimonios reales, de gente real, que padeció ese infierno en el cuartel de Colonia; gente que se niega a olvidar.

Amado Curbelo, coloniense
Los mandos, los médicos

– ¿En qué fecha fuiste detenido?
– El 6 de julio de 1972.
– Y te llevaron al Batallón 4.
– Al Batallón de Infantería Nº 4 de Colonia. Yo vivía en Ruta 1, antes de lo Bernardi. Desde que llegan a mi casa me ponen la capucha y me esposan. En el cuartel, ya de entrada me ponen de plantón. Me meten en un lugar que no sabía qué era, esposado y encapuchado,y me paran diciéndome que tengo que tener los pies juntos y las manos al costado del cuerpo, rígido, sin moverme. Había un milico con un garrote haciendo un control personal de esa posición. Era absolutamente desgastante. No te llevaban al baño, y si te movías te daban un garrotazo, y si caías dormido otro garrotazo. Ese es el plantón que vivimos todos los detenidos en el cuartel de Colonia, que fuimos -sólo entre junio y setiembre del '72- unas sesenta personas, entre mujeres y varones, contando concretamente los que después quedamos presos, porque por el batallón de Colonia también pasó un número incalculable de gente que sufrió todo eso pero que no la dejaron detenida. Las mujeres estaban recluidas en la parte que da a Baltasar Brum, y los varones estábamos en un galpón dividido por fardos de alfalfa, chapas de Coca Cola y elementos de Sudamtex. Eran como pequeños espacios, a los dos costados del galpón, donde solamente cabía el colchón. Después del plantón -donde unos aguantaban un día y otros hasta cinco días- unos eran metidos al submarino, que era un tanque de Coca Cola con agua y una tabla donde deslizaban al detenido, y lo zambullían hasta que el encargado de dirigir la tortura ordenaba sacarlo.

– ¿Quiénes eran esos "encargados"?
– El encargado de dirigir la tortura era Ernesto Rama, que le decían El Tordillo. Yo esa tortura del medio tanque no la viví, pero después que uno "aceptaba" firmar la declaración de pertenecer al MLN-Tupamaros, ponían al detenido en ese espacio que te relaté. Nos despertaban a las seis y media de la mañana, nos hacían doblar el colchón, nos sentaban a un metro de la pared, y en ese espacio estábamos todo el día, hasta las ocho de la noche, sentados sobre ese colchón, mirando la pared, incomunicados, sin poder hablar. Algunos teníamos una claraboya alta, por la que podíamos ver algún pájaro o alguna hoja durante tres meses; otro no, sólo veían la pared durante todo el día. En algunos períodos no nos llevaban al baño -ni esposados, ni encapuchados- y cuando queríamos hacer nuestras necesidades, el soldado que recorría constantemente el galpón nos alcanzaba una lata de dulce de membrillo con cuatro o cinco litros de capacidad. A veces la guardia era más "humana" y nos llevaba al baño, lo que por lo menos nos permitía caminar y salir de ahí aunque sea diez minutos.
– ¿No había ninguna posibilidad de verse entre los presos, en esa época?
– No. Ese espacio estaba tapiado por los cuatro costados.
– ¿También comían ahí? ¿Qué les daban?
– Sí. Nos daban un cucharón de café con leche y media galleta de mañana, un cucharón de guiso y media galleta al mediodía y otro cucharón y media galleta a la tardecita. Pasábamos mucha hambre, pero eso no es lo importante.
– Además de lo poco que les daban, tampoco era una comida "limpia"...
– No. A la espalda teníamos una lona, entonces a la hora que dos milicos nos traían ese guiso, en una olla grande de aluminio, movíamos la lona apenas un centímetro y veíamos que en el camino escupían la comida, que le tiraban soretes de perro adentro, que la meaban... pero la comíamos igual. Los días de plantón que cada uno de nosotros vivió, más los que vivieron el tacho y todo eso, era hasta que el detenido firmaba la declaración que ellos querían que firmara.
– ¿En el '72 todavía no se usaba la picana eléctrica?
– Yo no tengo información de que a algún detenido le hayan aplicado la picana en ese período de tres o cuatro meses. Tampoco puedo decir que no se usara. No escuché relatos de picana durante ese período. Hay mucha gente que prefiere no contarlo, porque es tan traumática la tortura que a veces es mejor olvidarla. Para mí es mejor exteriorizarlo, decirlo.

– ¿Ya había pasado Raúl Sendic por ese batallón?
– No. Sendic fue detenido en setiembre del '72. Nosotros no lo vimos. Además, esos tres meses, en esas condiciones, se nos terminan cuando vino el juez militar, en octubre de 1972. Cuando el juez militar nos hace firmar la misma declaración que ya habíamos firmado bajo tortura -con todo el circo mediante para darle una imagen jurídico militar- nos levantaron la incomunicación, pudimos ver a nuestros familiares cinco minutos cada uno, ese galpón se transformó en un galpón abierto, y esa "supervivencia" cambió: podíamos recibir comida de afuera, hacíamos quinta... En marzo del '73 cambia toda la oficialidad en el Batallón Nº 4 y empieza otra etapa, que yo no llegué a vivirla. Nosotros tuvimos alguna experiencia con el nueva comandante Soto, y su señora que también era militar, que entraban de noche, cuando estábamos durmiendo, y nos insultaban, pateaban los colchones, haciendo una especie de bravuconada que ya no asustaba a nadie. Eso fue lo que yo personalmente viví; la persona que estoy seguro que era la encargada de la tortura era Ernesto El Tordillo Rama, como tampoco tengo ninguna duda del resto de la oficialidad que en ese momento actuó: el capitán Bonjour, de Colonia; Emilio Álvarez, que le decían Cococho; Rabito Rivero, también de Colonia; Sosa, que también era oficial; y en cuanto a los médicos, yo sólo sabía que estaba el doctor (Eduardo) Solano y también había algún otro médico que ahora no recuerdo.
– ¿Cuál era el papel de los médicos del cuartel?
– El control del estado físico de los detenidos torturados.
– ¿También supervisaban la tortura?
– Los médicos por lo general no hablaban, y como uno estaba encapuchado..., simplemente con la cabeza decían que nos siguieran dando o no. Pero, esa era la función que cumplían: supervisar si algún torturado manifestaba algún síntoma que a ellos les parecía riesgoso...
– En aquella época, que todavía no era dictadura sino "estado de guerra interno", estando incomunicado, encapuchado y esposado en el cuartel, ¿qué esperabas que vendría después?
– Cuando hablamos de dictadura no tenemos que hablar de un cambio brusco, donde se pasa de blanco a negro. Fue un proceso. Las medidas prontas de seguridad arrancan en el año 1958, donde ya hubieron sindicalistas presos, con un gobierno blanco. Ahí se inventan esas "medidas". En el año '68, los funcionarios públicos tienen que ser algo así como reservistas del Ejército. Tuvimos que ir al cuartel y firmar como que estábamos a disposición si éramos agredidos desde el exterior. Ese año, cuando AEBU decretó un paro, vino el comandante del cuartel y nos dijo si éramos conscientes que nosotros, de a- cuerdo a las leyes, habiendo medidas prontas de seguridad no podíamos hacer paros. Hicimos el paro, y a todos los funcionarios bancarios oficiales del departamento nos llevaron al cuartel. Nos metieron en otro galpón, y a los de Colonia nos llevaban todos los días a trabajar, durante diez días. O sea que en 1968 ya detienen y encarcelan a trabajadores que hacen un paro. Ese fue, para mí, el primer escalón. Las medidas prontas de seguridad fueron una constante durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco, o sea que no podemos hablar de dictadura a partir del 27 de junio del '73. Tenemos que hablar de un proceso escalonado, donde no solamente se metía gente presa, sino que murieron estudiantes en la calle, y se sucedieron una serie de hechos que tienen esa fecha como algo casi simbólico. Porque antes de eso también hubieron muchas muertes, muchos torturados, muchos presos.
– Incluso se llegó a matar gente por tortura en el Batallón 4 de Colonia, Aldo Perrini por ejemplo...
– Sí, eso fue en el año '73, cuando yo ya estaba en el penal de Libertad.
– ¿En Libertad escuchaste comentarios de que el cuartel de Colonia era uno de los más jodidos del interior del país?
– Nosotros lo vivíamos; porque en el penal estábamos presos junto con compañeros que habían sido detenidos en todos los cuarteles del país. Por los relatos que nosotros recibíamos, no sé si era el primero -yo creo que era el primero-, pero sí uno de los tres más sádicos y sanguinarios en tortura. En el penal de Libertad todos los meses cambiaba la guardia; venían de un cuartel distinto todos los meses. Cuando le tocaba al cuartel de Colonia ya todos los presos del país sabíamos que se endurecía la mano, en sanciones sin visita, sin recreo, y sanciones en "la isla", que era la sanción de aislamiento total.

– ¿Qué era -concretamente- "la isla"?
– Era un cajón de cemento, sin luz natural, con una lamparita todo el día, sin agua, sin colchón. Estabas absolutamente solo las veinticuatro horas del día. Ahí se las "ingeniaron" para colgarse dos compañeros; muchos salieron con problemas psíquicos que les quedaron para el resto de su vida; era el elemento de tortura en el penal de Libertad. Y había un milico psicólogo, Brito de apellido, que era el que indicaba el tratamiento a los presos, el de generar una especie de inestabilidad emocional constante, de aflojar y apretar, de sancionar por guiñar el ojo en una fila o porque a algún milico no le gustó cómo te moviste o si te olvidaste de sacarte el gorro cuando andábamos en fila para comer, para el recreo...

– Y en el batallón de Colonia, ¿que era lo que más jodía, la tortura psicológica o la física?
– La física tenía un tiempo y un espacio. Hasta que el detenido aceptaba lo que ellos querían que aceptara era una tortura violenta y corta; entonces si uno se mentaliza capaz que la aguanta. El resto del tiempo que vivimos era una tortura más desgastante, más lenta, como aquella de la gota de agua arriba de la cabeza... Yo recuerdo que venía un milico y gritaba bien fuerte en el galpón: "¡detuvimos al hijo de fulano, a la mujer de mengano!". Me acuerdo de Cedrés, que fue profesor de UTU, que entró un milico y dijo "¡al hijo de Cedrés lo tenemos ahí, y a la mujer también!", y le dio como un ataque, y el hombre quedó mal de la cabeza; siendo que la mayoría de las veces era falso. Ese tipo de shock...

– ¿Por qué sería el batallón de Colonia uno de los más sanguinarios?
– Yo creo que tiene mucho que ver Ernesto Rama. El comandante era un tal Silvera, que después lo sucucharon donde repartían los uniformes y la comida de los milicos, porque no agarraba la línea. Pero el que realmente mandaba era el Tordillo Rama.

– ¿O sea que ese sadismo no obedeció a ningún plan sistemático?
– Creería que se debió a la presencia de este individuo, que disfrutaba con torturar. Él integraba la Organización Comandos Antisubversivos (OCOA), un grupo que no respondía a los mandos naturales. El nombre de guerra era Oscar, y creo que Ernesto Rama era Oscar 1 u Oscar 2; y se ha dicho que era uno de los que cruzaba a la Argentina a actuar como comando. Podemos imaginarnos a qué. Debe tener mucho que ver con la muerte de Michelini y Gutiérrez Ruiz, y con otros muchos uruguayos.

Ramón De Pizzol, coloniense
"Visca dijo: Denle más, que se hace el vivo"

– ¿Se puede decir que el Batallón 4 fue uno de los mayores centros de tortura del interior?
– En el penal de Libertad el 4 era uno de los que estaba... no sé si primero, pero andaba ahí, andaba muy arriba, eran bastante "groseros" en algunos aspectos, enfermizos incluso.
– ¿Habrá sido casual o premeditado que fuera así?
– Yo pienso que ha sido una cuestión premeditada, una orden dada por los mandos superiores, que en algunos casos -por la misma condición del torturador o de los que lo mandaban- podía ser hasta más grave todavía.
– ¿Cuándo te detuvieron?
– El 16 de octubre de 1973.
– Ya era dictadura; ¿sabés si recrudeció el trato a los detenidos con relación a los meses anteriores?
– Hasta esa fecha, del cuartel yo no conocía nada. Al único que conocía, porque lo veía cuando salía del banco, a las siete y cuarto, buscando unas damas en el Hotel Colonial, era a (Boscán) Hontou, en una camioneta que siempre estaba a contramano. Lo poco que conocía fue de cuando me llevaron detenido una semana, en el '69, cuando la huelga.
– En la última detención, en 1973, ¿cuánto estuviste en el cuartel antes de que te pasaran al penal de Libertad?
– Me llevaron preso en octubre del '73, y al penal me parece que fui en febrero del '74, más o menos.
– ¿Cómo era la vida en el batallón de Colonia?
– Tenía altibajos. Al principio lo que le llamaban "la máquina", la tortura, no tiene plazo. Desde que me llevaron, yo recién supe el día que era el 29 de octubre, a las cuatro de la tarde, cuando un soldado me lleva a bañar, y al verme los moretones que tenía me pregunta "oh, ¿qué le pasó"... "Me caí", le dije. La tortura era de todo tipo. Arrancaban con una tortura física, que era el plantón, donde yo estuve casi quince días sin dormir. Ahí se te pierde la cabeza, y es muy poco lo que puedo recordar de todos esos días. Y también hubieron otros hechos puntuales, muy desagradables, como el "tacho", el submarino.
– ¿Pasaste casi quince días sin dormir?
– Y sí...; no te dejaban. Los tipos te ponían en posición descanso, donde estabas parado con las piernas un poquito abiertas, siempre encapuchado, por supuesto. Entonces, después de cinco horas así, uno intenta buscar otra posición, moviendo de a muy poquito los pies, y ahí es donde a uno lo golpean. Además había otro dolor, que era el de las muñecas; porque yo soy de muñecas gruesas, y las esposas casi que no me cabían...
– ¿Llegaron a aplicarte el submarino?
– Sí, el submarino también.
– ¿Sólo de agua, o también de materia fecal?
– De agua sólo; del otro no. A mí me dieron como adentro de un gorro, y me dieron tacho más que a ninguno. Cuando te meten al tacho vos entrás en una especie de locura, te enajenás; pero fui muy resistente al tacho, tanto que podía escuchar la voz de un médico diciendo: "Denle más, que se hace el vivo". Te ataban en una tabla y te metían de cabeza en un tacho de Coca Cola.

– ¿Cuánto tiempo duraban esas sesiones de tacho?
– Eran horas o minutos; uno no puede acordarse de eso porque pierde totalmente la noción del tiempo.

– Y te dejaban adentro hasta que no dieras más...
– Hasta que alguien daba la orden de que te sacaran. Y ahí yo pensé, tres o cuatro veces, que la quedaba.
– ¿Siempre había un médico militar presente?
– Siempre. En ese tipo de tortura siempre había alguien que hubiera hecho el juramento "hipócrita", aunque por más que fueran doctores en medicina nadie puede saber cuánto carajo bancás vos adentro... Y entiendo que en muchos casos, cuando la quedaron o cuando murieron, fue porque hubo una "mala praxis", con lo que te estoy diciendo que hubo médicos metidos en el tema.

– ¿Llegaste a reconocer a alguno de esos médicos torturadores, aunque más no fuera por la voz?
– A uno sí: Eugenio Visca. Ese fue el que dijo "Denle más, que se hace el vivo". Así fue lo que dijo Visca. Luego me pasan para el penal de Libertad. Y después que ...... cantó a todos los de Carmelo y a un montón de gente, me traen otra vez para el cuartel de Colonia. Y cuando volví al penal, un compañero que tenía a la mujer presa acá, me pregunta cómo estaba la cosa. Yo le mentí, groseramente, y le dije que estaban a media máquina. Y al otro día nos enteramos que había muerto (Aldo) Perrini, a quien yo no conocí, y lo único que sabía de él era que era de Carmelo.
– Pero sí sabés que lo mataron en la tortura, en el batallón de Colonia...
– Lo mataron en el batallón y a la familia le entregaron el féretro sellado. Y no tengo duda de que murió en la tortura.
– ¿En algún momento llegaste a verle la cara a algún jerarca del cuartel?
– Al único que vi fue a Bonjour (de Colonia), porque una vez me interrogó.
– ¿Lo viste pegarte?
– No. Pero yo supongo que si me pegaban, alguien lo ordenaba. Y si Bonjour fue al oficial que me llevaron, que estaba mandando en ese momento, supongo yo que sería él que lo mandaba... No entiendo mucho esa cuestión del "organigrama" militar...
– ¿Sentiste torturar a otra gente?
– Y sí. Acá en el cuartel fue una cosa espantosa cuando te dejan de torturar y estás acostado en un colchón escuchando que están torturando a la gente, que además la conocés, sentís las voces. Y eso no sé si no es peor que cuando te la dan a vos. Un día estaba durmiendo, por los gritos me despierto, y a un preso le estaban dando de todos lados porque querían ubicar la casa de una mujer que yo conocía, una amiga mía, y al tipo no le salía la ubicación de la casa, entonces le daban y le daban. Y yo, así, sintiendo eso y recién despertado, casi se me da por decir ¡en tal lugar! Menos mal que me callé.
– ¿En el penal de Libertad sentiste algún comentario de gente que hubiera pasado por la picana eléctrica en el cuartel de Colonia?
– No. No toda la gente contaba algo. Los presos hablábamos poco de materias personales, no sé si por seguridad personal o si para no comprometer. En mi caso, quería saber lo menos posible. – ¿Qué pasaba cuando llegaba la guardia de Colonia a Libertad?
– La guardia en el penal se cambiaba cada quince días, se iban turnando. Había guardias más livianas y guardias más pesadas. La de Colonia era de las pesadas. Era dura. Era de las que más apretaban.
– ¿Qué sentís cuando pasás ahora por el batallón 4?
– Ahora no siento más que un poco de bronca. Pero cuando salí del penal, por cuatro años hacía igual setenta y cuatro cuadras por no pasar por el cuartel. No podía pasar por ahí. Y vamos a no hacernos los valientes ni los corajudos, porque el tipo no sabe quién es hasta que le pasan las cosas. El terror es una cosa que se te mete en la sangre. Yo salgo en el '77, y por cuatro años no hablé con nadie, saludaba de lejos a los amigos, no fui a ningún asado; no quería ni mancharlo ni mancharme. Tenía pánico.
– ¿Ese mismo pánico fue el que llevó a la gente a votar en favor de la ley de impunidad?

– Sí. El plebiscito por la famosa ley de caducidad se votó a favor por el terror de la gente. El tema está en que no es tanto el individuo en sí, pero ¿qué pasa con la mujer del tipo, con los hijos, qué pasa con los comentarios que había en la dictadura de que a todos nos "limpiaban" en Libertad? Esa ley la votó la gente de cagazo...
– ¿Ese miedo sigue todavía?
– Yo no lo tengo; pero el pueblo, en general, está muy desinformado.
– ¿Qué pasaría si hoy se llama a otro plebiscito sobre esa ley?
– Bueno... Yo creo que en este momento desaparecería, ¿no?

Jorge Ferrari, carmelitano
"Me dieron picana eléctrica en Colonia"

– Comencemos por tus datos.
– Nací en Nueva Palmira, pero a los tres meses mis padres se trasladaron a Carmelo, así que más bien soy carmelitano. Ahí viví hasta los 25 años. Ahora vivo en Montevideo.
– ¿Durante la juventud participaste, en Carmelo, en algún movimiento partidario o gremial?
– Desde los 14 años, a nivel gremial estudiantil, en el Centro Estudiantil de Carmelo, donde yo era secretario cuando vino el golpe de estado. Muchos de los integrantes del Centro pasamos a ser detenidos políticos.
– ¿Qué edad tenías cuando el golpe de estado?
– 18 años. Hoy que tengo tres hijos, que felizmente también están comprometidos a nivel gremial estudiantil y partidario, uno se hace la idea de lo que fue haber pasado por las mazmorras de un infierno a los 18 años, algo que te marca para toda la vida y que también te deja secuelas que uno sigue arrastrando. Por eso no quisiera que esos horrores se repitan, pero lamentablemente las violaciones a los derechos humanos siguen cometiéndose en Uruguay. La impunidad sigue.
– O sea que sos del mismo pueblo que Aldo Perrini, asesinado en el batallón 4 de Colonia...
– Sí. Chiquito Perrini es un compañero que fue detenido con nosotros, el 5 de febrero del '74, con muchos compañeros de Carmelo: Perrini, José Valenti, días antes Román Chipolini, el Pucho Martínez, Ana Telma Delpratti...
– ¿Qué recordás de la muerte de Perrini a manos militares?
– A los pocos días de ser detenido se ensañaron con este compañero en las prácticas de la tortura, hasta que cayó muerto por la tortura.
– Hablamos de tortura y muerte en el cuartel de Colonia...
– Sí. Los primeros días pasamos por un régimen atroz de tortura. Recuerdo que los torturadores se ensañaron fundamentalmente con dos personas: uno el Chiquito y el otro Pacheco Oroná, que era un contrabandista de botellas, cuando en nuestro pueblo se contrabandeaba la ginebra. A Pacheco lo confundieron con otro del mismo apellido que -según los milicos- había trasladado gente para la otra orilla. A Perrini no lo pude ver porque estábamos encapuchados y esposa- dos, pero sí lo sentíamos. Él vendía helados en Carmelo, entonces para identificarse gritaba "¡helados, helados!". Estaba totalmente quebrado, golpeado, y seguían ensañándose con él. Un día no lo escuchamos más. Era un padre de familia, con dos hermosos gurises, un matrimonio joven…
– ¿Qué viviste en Colonia?
– Pasé por toda clase de tortura: picana, tacho, potro, lo único que les faltó fue violarnos, pero también sufrimos la tortura psicológica cuando sentíamos el pedido de clemencia de las compañeras para que no fueran llevadas nuevamente a salas de tortura o que pasaran por violación. A raíz de todo eso tengo trasplantes en el oído izquierdo medio, debido a las torturas con picana eléctrica; y hace pocos días me dieron de alta del Hospital de Clínicas, donde me sacaron un quiste en el testículo izquierdo; también tengo otro en el testículo derecho; todos los órganos genitales los tengo afectados; y las secuelas psicológicas...
– ¿Llegaste a identificar a alguno de los torturadores?
– En un momento, en una de las salas de tortura, el torturador me saca la venda. Lo que recuerdo es un apodo que él usaba: La Bruja o La Brujita. Llegaba a nuestras barracas y se jactaba diciendo: "¡Llegó La Brujita ; apróntense!", que sería el que comandaría la tortura, aunque no era él solo.
– También había médicos militares en esas torturas.
– Sí. Había dos médicos, los dos de Colonia. Uno de ellos era (Eduardo) Solano; del otro no me acuerdo el nombre. Eran médicos militares y supervisaban la tortura.
– ¿A Solano llegaste a verlo en la tortura?
– No, porque estábamos encapuchados. Lo vi en la enfermería cuando me fracturaron tres costillas, me fajaron, y él dijo "ya pueden seguir". Y fui trasladado a un barracón, donde seguí con un régimen de tortura.
– ¿Fue el médico quien ordenó que te siguieran torturando?
– Yo lo entiendo de esa manera.
– ¿Cómo recibís que ahora, un gobierno que se dice de izquierda, le pida informaciones a los propios violadores de los derechos humanos? ¿Cómo interpretás que en este Uruguay de hoy se siga respetando la impunidad de esos represores, aplicando apenas el artículo 4º de la ley de caducidad? ¿Cómo entendés que el gobierno continúe ascendiendo a esos violadores a los principales puestos del poder real?
– Es un gran dolor por los que ya no están con nosotros. Eran nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros hijos los que ya no están. Nos duele mucho que se siga ascendiendo a quienes están involucrados y denunciados por violaciones a los derechos humanos, como Arab, Serrón, Guarino, Rolán, Ruiz... Nos duele que queden impunes declaraciones como las de Lebel, justificando que en los interrogatorios se tenían que implementar los métodos de tortura para sacarles información a los detenidos. El caso de Roberto Rivero, en Colonia, que ejerció en Carmelo, y que se había ensañado con dos curas gauchos: Juan José Ramilo y Mario Guerriero, curas muy jugados en la denuncia a los atropellos que se cometían; la persecución que le hizo Rivero a Ramilo en Carmelo, en Colonia, en Nueva Helvecia...

sábado, 31 de mayo de 2008

viernes, 7 de marzo de 2008

Pajarero

Aclaración: Redactamos este artículo ni bien tuvimos conocimiento de la siguiente noticia:
Fuente: diario Últimas Noticias

MONSEÑOR COTUGNO LE TOMÓ CONFESIÓN A TERRORISTA DE ESTADO

Obispo Galimberti opinó que la iglesia tuvo un buen gesto y que el ex represor envió una señal de "reconciliación"

El coronel (r) Jorge Silveira levantó ayer (por el viernes 29 de febrero) la huelga de hambre que estaba llevando adelante desde el lunes, luego de confesarse ante el arzobispo de Montevideo, monseñor Nicolás Cotugno. El militar había asegurado que mantendría la medida hasta "las últimas consecuencias". El ex represor, procesado con prisión desde 2006 junto a otros siete ex militares y policías por la desaparición de Adalberto Soba en 1976, estaba internado desde hace varios días en el Hospital Militar a causa de una afección cardiaca, y desde el lunes mantenía una huelga de hambre en rechazo a su enjuiciamiento, que considera "injusto". Sin embargo, a pedido de la esposa del militar, Leda Pascal, Cotugno concurrió en la mañana de ayer al nosocomio castrense y le solicitó que abandonara la medida de lucha, ante lo cual el militar retirado accedió, luego de confesarse ante el sacerdote que presidió la Comisión Para la Paz durante el gobierno de Jorge Batlle. "Tuvimos un encuentro de un hombre que pide confesarse y celebramos el sacramento de la penitencia muy normalmente. Al final, el coronel Jorge Silveira me pregunta si la señora podía comunicar que yo había estado con él, y por su puesto le dije no hay ningún problema", expresó Cotugno ayer a Radio Oriental tras visitar al ex represor. Al iniciar la huelga de hambre, Silveira había declarado: "Estoy desgastado, no quiero vivir, quiero llegar al máximo y creo tener el coraje para hacerlo; estoy preso desde que asumió la democracia". Agregó: "La izquierda me culpaba, la ultraizquierda me culpaba, y este gobierno me culpó de una manera que me llevó a estar encerrado". El arzobispo de Montevideo añadió que luego de terminada la confesión, el militar retirado le solicitó que comunicara que había decidido terminar con la huelga de hambre, hecho que -según dijo el sacerdote- "es una consecuencia muy positiva del sacramento con tanta fe y amor". Cotugno dijo que asistió al Hospital Militar "muy gustoso" porque un obispo "tiene que estar dispuesto a todo lo que pueda". En virtud del secreto profesional, no brindó detalles sobre el encuentro, que "pertenece a un ámbito personal inviolable que no puede ser patrimonio de nadie, a no ser que la persona involucrada quiera comunicarlo". Si bien es posible que desde ayer Cotugno posea información que podría ser relevante para esclarecer casos de violaciones a los Derechos Humanos, no será citado a declarar ante la Justicia Penal en virtud del secreto profesional que ampara la información que reciben los sacerdotes en las confesiones, explicaron fuentes judiciales. Hace dos semanas, el diario El Observador informó que Silveira, durante una anterior internación en el Hospital Militar, en diálogo con funcionarios del centro asistencial y allegados había señalado a José Nino Gavazzo como responsable de los crímenes de Elena Quinteros y María Claudia García de Gelman en 1976.

DOS JUSTICIAS Consultado ayer por Ultimas Noticias, el obispo de Salto, monseñor Pablo Galimberti, dijo que la confesión "se acepta a todos, más allá de que estén condenados por la Justicia Penal", porque es "un Derecho Humano al que todos tenemos derecho sin excepción alguna". "Me alegra mucho este gesto de la Iglesia; es una muestra de cercanía a una situación muy complicada. También hay que agradecer la iniciativa y la aceptación de este hombre que ha participado en épocas duras y difíciles; es una señal de reconciliación", expresó Galimberti. El obispo de Salto dijo, además, que si bien "la Justicia a veces absuelve a las personas, luego tienen que dar cuenta ante la justicia de Dios, y lo mismo ocurre a veces cuando penalmente se castiga a alguien, pero luego puede ser perdonado por Dios, porque hablamos de dos justicias que van por carriles separados". Galimberti, que tuvo una importante participación en la investigación mediante la cual Macarena Gelman pudo recobrar su identidad, concluyó: "Me rechina lo que hizo (Silveira) y los delitos por los que está procesado, pero no creo que esté mal que Cotugno haya ido a verlo".

JAVIER MIRANDA: "NO ES BUENO QUE SE UTILICE A LA IGLESIA" El abogado Javier Miranda, de la organización de Familiares de Detenidos Desaparecidos, opinó que la confesión de Silveira ante Cotugno forma parte de un "culto religioso muy respetable para la gente que profesa la religión católica, pero que en el contexto de la verdad social es irrelevante". "Esto es como los jugadores de fútbol que se persignan antes de entrar a la cancha, es para la tribuna", comparó. "No es bueno que se utilice a la Iglesia para realizar un lavado de conciencia ante la sociedad", agregó el hijo de Fernando Miranda, asesinado durante la dictadura cuyos restos fueron recuperados en el año 2006. "La deuda de los militares violadores de los Derechos Humanos es con la sociedad uruguaya y no con Dios", agregó Miranda, quien dijo que desde "el primer momento" en que el ex represor inició la huelga de hambre consideró la medida como una "fantochada" .

VÍCTOR SEMPRONI: "HUBIÉRAMOS TENIDO UN REPRESOR MENOS" El diputado Víctor Semproni (Espacio 609) lamentó que Silveira haya levantado la huelga de hambre: "Es una pena, porque hubiéramos tenido un represor menos", dijo el legislador, quien sostuvo que la medida de lucha tuvo fines "publicitarios, al igual que la visita de monseñor Cotugno". "Soy cristiano y me parece bien que se haya confesado ante la Iglesia, si es que eso implica un perdón y un arrepentimiento verdadero, pero lo que no puedo entender es cómo una persona católica pudo participar en violaciones a los derechos humanos tan aberrantes como las que él participó", agregó el diputado. Semproni reconoce a Silveira como uno de los militares que lo torturó estando detenido durante la dictadura. Además, dijo que el ex represor "se ha hecho responsable de muchas acciones represivas que son una clara violación de las normas básicas de convivencia que deben regir en una sociedad".

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“Vuelven los pájaros perdidos
que vuelan desde el más allá
a confundirse con un cielo
que nunca más podré recuperar.”
Mario Trejo

Cuatro días ayunó y al quinto se confesó. Y el confesor lo absolvió en el perdón relativo y virtual de un secreto de confesión. Cuatro días con sus cuatro noches. Noches de táctica y estrategia. Noches sin pesadillas, porque la convicción. Noches de ensayo preconfesional. Noches de práctica histriónica para el quinto día del arrepentimiento trucho por aquel quinto mandamiento violado de oficio. Cuatro días largos como su pico pájaro fruncido. Bien fruncido. Cuatro noches pajarraco hambriento de ese aquel alimento que algún otro jamás comió gracias a él. Que otros seres en vuelo supusieron para él. El pajarero en su pajarera, craneando la forma de pasarle el fardo a dios en el quinto día. Pajarero burlador de la creación, catolizándose de apuro para zafar de la condena humana con salvoconducto divino. ¿Quién diría qué ante tal juez? Cuatro días de abstinencia autoritaria, antropofágica y sueño pro-fundo, fundo de poder, fundo de gloria, sangre, escoria y sí mi coronel. Fundo de escape. Cuatro días Soba y vaya uno a saber cuántos más, el día que se sepa. Cuatro insignificantes días en presunta huelga de hambre a cambio de sus treinta y cinco años de seguro buen comer, con culpas sin cargos. Y desde la fortaleza-bunker casi infantil de sus sábanas hospitalarias de noche blanca corría, blanca corría la luna, y él no corría tras ella. Corría sí las cortinas blancas, ocultaba sí el haz blanco de luz tras las rejas si acaso, se alimentaba sí en recuerdos de cloacas con hombres huyendo delante de él, mujeres de luna blanca bajo la negrería de su alargada sombra castrense. Larga sombra polar, helada, escalofriante, inmune. Cuatro días con sus once mil y pico de noches de impunidad Silveira. Picos de noches pajarón enjaulado en su casa nosocomio camarada de armas. Colchón de plumas desaladas para un desalador fingiendo desolación y hostigamiento zurdodemocrático. Cuatro días “hasta las últimas consecuencias”. Porque para los coroneles retirados las últimas consecuencias de sus causas suman apenas cuatro días de ayuno, autoconmiseración y una oreja de monseñor. ¡Por cuatro días, loco! aseguran que pensaron los otros siete como él, no amparados por el secreto sacerdotal ni por la ley de impunidad. Pero llegaron tarde a la estrategia, la salvación inédita usurpada por su superior casi inmediato y colindante, la aventajada impensable para los otros siete apocalípticos de lesa humanidad, la farsa espiritual-carnal representada en cinco actos muy posteriores a aquellos otros del procesamiento con prisión. Pero nada es casual y todo tiene explicación en esta vida, incluso para los antivida como el “Pájaro” Silveira. Porque cuentan los que dicen saber que por la ventana aquella de su sala de internación, a puro vuelo poético, rampante y expreso (o ex preso), aterrizó en las manos del pajarraco Jorge de este episodio con final feliz una mínima esquela que algún recordador transeúnte dejó escapar de su memoria, quizás sin darse cuenta, donde el tal militar llegó a leer a la sombra de su candil prontuariado: “un torturador no se redime suicidándose”, y otras cuatro palabrejas que no llegó a entender, lógicamente. Y el reo coronel se aprestó a cumplir esa sentencia (que no la otra) a pie juntillas. Y dicen que fue ahí donde ordenó dos porciones de asado con papas fritas y solicitó la presencia del monseñor Cotugno, que acudió presuroso a su llamado, quizás previendo otro desenlace. No lo sabemos.

viernes, 22 de febrero de 2008

Susceptibilidades

“¿Qué pretende usted de mí?”
(el guionista de Isabel Sarli)


Yo realmente no dije lo que quisiste entender que dije cuando intenté decirte lo que te estaba diciendo pero si insistís en que sí dije lo que quisiste entender que dije cuando intenté decirte lo que te estaba diciendo, bueno, sí lo dije. Yo en realidad no hice lo que creíste entender que hice cuando intenté explicarte lo que estaba haciendo pero si te da por insistir en que yo sí hice lo que creíste entender que hice cuando intenté explicarte lo que estaba haciendo, bueno, sí lo hice. Yo sin duda no estaba pensando lo que interpretaste que estaba pensando cuando no tengo por qué contarte en qué pensaba pero si seguís insistiendo con que yo estaba pensando lo que quisiste interpretar que yo pensaba antes de no tener por qué explicarte que no, bueno, allá vos. Yo no te grité a vos cuando evidentemente levanté la voz para afirmar un concepto que de otro modo no habrías comprendido jamás pero si se te da por recriminarme que fue a vos a quien grité sin importar qué concepto quería remarcar, bueno, de aquí en más te voy a gritar más fuerte. Yo no escuché que me dijeras lo que ahora pretendés hacerme creer que me dijiste cuando hablabas de algo totalmente enfrentado a lo que estábamos hablando pero si querés convencerme de que en realidad escuché lo que ahora pretendés hacerme creer que me dijiste y me hice el sota y te dije que eso no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando, bueno, pensá lo que quieras. Si supuestamente según vos no hiciste lo que en verdad hiciste para que yo respondiera haciendo lo que hice y luego decirme que yo lo hice sin antes haber hecho vos todo lo que hiciste, bueno, eso mejor la próxima vez lo hacemos con testigos porque resulta evidente que es tu palabra contra la mía y de este pozo así no vamos a salir jamás. Si vos estás pensando que los testigos los vas a poner vos dejá de pensarlo ya mismo porque esos testigos de imparciales no tendrían nada y en cambio los míos serían elegidos por el voto popular de toda la gente que yo sé que te conoce desde hace mucho tiempo y saben muy bien cuando hablamos de qué entendés cuando querés entender una cosa que no es tal como vos la entendés pero si eso no te sirve y mejor querés tirar una moneda al aire conmigo no cuentes, que ya bastante dinero tiro en toda esa comida que después no comés porque decís que no te gusta si no la comprás vos. Y si seguís pensando con el estómago un día de estos vas a sentir hambre en el cerebro y me vas a salir diciendo que te duele la cabeza porque no nos entendemos nunca en nada de lo que decimos, hacemos, pensamos, escuchamos, porque evidentemente no entender es tu mejor salida para evitar enfrentarnos a diario en los conceptos que mi voz levanta para que entiendas o, peor, será que no decir, no hacer, no pensar y no escuchar es la mejor coartada que has encontrado para esconder tu falta de sensatez, raciocinio, sensibilidad y criterio, allá vos. Jamás pretendas que entienda los sonidos de tu silencio, que no conozco el braille de los gestos ni soy Paul Simon, ni siquiera José Feliciano. Pero lo que sí recuerdo muy bien es aquella vez en que dijiste que no sos vos, soy yo, y si es así entonces la incompatibilidad de caracteres será un buen argumento a presentar ante el magistrado. Y si no soy yo, sos vos, igual. Mirá, vamos a hacerla corta que a mí la ley me importa tres carajos, así que si querés, y si no querés igual, dividimos los bienes entre nosotros y listo, vos te quedás con la licuadora, yo con las entradas para ver a Viglietti, y listo. Sí, yo ya veo con quien voy. En cuanto a las deudas comunes podemos hablar con un escribano y ahí vamos depositando el pago cada mes. ¿Qué juntos no nos alcanza y separados menos? Pero, mi amor, si conversando todo se puede arreglar. No sé por qué te pusiste así cuando yo realmente no dije lo que entendiste que dije cuando intenté decirte lo que te estaba diciendo, pero, bueno, no te preocupes que capaz que fui yo el que no logró hacerse entender. No dramatices, por favor, que ¡mirá si habrá cosas más graves en que preocuparse! Son estos tiempos locos que corren, pero lo mejor es saber que seguimos juntos y que ninguna adversidad pasajera podrá con nuestro amor eterno, chiquita mía.

jueves, 21 de febrero de 2008

Cuba 49

Bolívar lanzó una estrella que junto a Martí brilló,
Fidel la dignificó para andar por estas tierras.
Pablo Milanés


Lanzó, brilló, dignificó (zó, lló, có). ¿Qué, quién, dónde, cuándo y por qué no lanza, brilla, dignifica hoy, 49 años después del triunfo popular-político partidario? Renunció Fidel en titular mundial cuerpo de letra no catástrofe. Miami festeja y mira de reojo las valijas excubanas. El dictador democrático Bush se retira de su cargo universal y plenipotenciario con otra estrella en el sombrero cowvoy, a modo de un travestido Che vaquero de boina imperialista. En su puzzle país se afana cubo mágico por trasladar esa estrella de su sombrero a sus franjas. Así acostumbra él, su padre, su abuelo y la patria abstencionista que lo parió, condecorar sus crímenes, sus invasiones, sus bloqueos, sus hazañas de mala maña y peor praxis, sin corregir y ampliada en varios tomos de seres masacrados en su esperanza y carne más íntimas, allá lejos y acá cerca. Renunció Fidel, y qué importa un hombre, canta Cabrera. Importa. Porque los nuevos chicos cubanomacdonalinos piden zapatillas Nike y ni el bloqueo ni los maderos carenciados de Santiago se las dan. Importa, porque los treintaipico quieren prostitución de malecón en dólares que sólo poseen los turistas y los funcionarios diplomáticos extranjeros, claro, y los nacionales, posiblemente. Importa, porque todavía muchos viejos no entienden ni de Girón ni de Cochinos ni de Sierra Maestra, sólo de torres y alfiles que entregarían a cambio de que algún otro cualquiera le diera el jaque final al renunciante. Importa, porque la revolución educó pero no formó. Que importa, importa, y Cuba duele mucho más que cuando escribiste Cuba duele, Eduardo. Y aunque aún no se doliese en sí misma, Cuba duele en la algarabía chupeypase del enemigo común a casi todos. Fidel no murió, pero casi. Su renuncia presagia duelo de réquiem. Y toda revolución fracasa si hay réquiem por un solo hombre. En una revolución si es verdadera se triunfa o se muere, predecía Ernesto. ¿Ese no triunfo es para ahora? ¿Esta premuerte es para dentro de un rato o es para ahora? ¿Qué se siente no decirse imprescindible y saberse imprescindible? Raúl ha de jugarse el resto en esta falta. ¿Quién será el que cubra las vidrieras hacia el nuevo mundo en decadencia ignorada? ¿Quién será el que impida que las balsas retornen con regalos made in usa? ¿Quién será el que niegue el triunfo de Guantánamo, agresor persistente y asesino? La Florida celebra con champán francés y en la otra orilla los marinos se emborrachan con ron y Compay Segundo. La diferencia hace. La identidad hace la diferencia. ¿Hasta cuándo, Castros? ¿Cómo se combate una casi masificada propaganda en contra? ¿Una revolución triunfante puede contra una propaganda masificada a nivel paramundial? ¿La revolución triunfa y campea en Cuba? ¿O lanzó, brilló, dignificó, y se quedó ahí nomás? ¿Cuáles son las patas de la sota? Santiago de ningún santo es religioso y marxista. La tropicalia cubana venera a Celia Cruz. El rock cubano es casi todo disidente. ¿Hasta cuándo pueden sostenerse en el tiempo las contradicciones? El capitalismo muere, es cierto y gracias, pero ¿el socialismo vive y lucha? Si los revolucionados, sus hijos y sus nietos, no quieren ya revolucionarse más, ¿se les revoluciona igual? ¿La renuncia de Fidel es una falta de respuesta en cuerpo presente y ejecutivo? Los cubanos tienen ahora la palabra y los hechos. Quien se los dicte a la oreja vivirá por y de ellos. La revolución pide socorro en la isla, en medio del mar, pero la única mano que encuentran por ahora es la de los que ahogan.

jueves, 24 de enero de 2008

Rl Acdmia Espñla

Está bien. ¿Quién podría oponerse a la improgresión resultante de neométodos que aporten a la descomunicación e incomunión interintrageneracional del posmundo moderno? No me carguen esas tintas de contrariar el desarrollo y coexistencia de las lenguas, que no sólo lamen sino que a veces hasta también hablan, aunque no siempre se entienda en un todo formal concepto anquilosado lo que dicen y siempre laman mucho mejor de lo que dicen.
Esta semana la Real Academia Española, es decir, la superada moralina iletrada de los que aprueban-desaprueban todo lo propio público o privado que con nuestra lengua hacemos, anunció que integrarán a su venerable diccionario de palabras con visa salival el lenguaje utilizado en los mensajes de texto. Enseguida pensé en El Quijote, en La Biblia, en La Divina Comedia… Hasta en Los poemas de la oficina de Benedetti pensé. Hasta en la Constitución pensé. Hasta en la revista Radiolandia, mire. Hasta en los no monosilábicos de los empleados públicos amparados en su burócrata inamovilidad. ¡Hasta en los discursos presidenciales, imagínese! Sí, tiene razón, ya estaba al borde del colapso, y mi incordura se procuraba un mínimo refugio compartido de dos por dos en la casita blanca aquella de la avenida Millán. Es que uno es tan conservador… y siempre las lenguas lamen mucho mejor de lo que hablan, como he dicho. Pero bajé un cambio. Dejé a Cervantes con sus molinos y me puse a escuchar a Viglietti, que está cumpliendo cincuenta años dslmbrnd. Sí, sí. Ahí toqué piso. Volví de Millán y se me dio por imaginarme la nueva letra de A desalambrar con visa lingual de la Real Academia. ¡Al fin la literatura en manos del pueblo!; de los jóvenes excluidos del sistema geriátrico; de las damas carrasquianas relegadas de la vida conyugal; de los políticos neófitos, ignorantes, truchos y ambiciosos autoexcluidos del sistema parlamentario. Y de inmediato me aboqué a la procreativa tarea de ilustrar la vida gris y ajena de la no sabe no contesta aquella que conocí una noche de escabio en la discoteca, con la que mantenemos habituales relaciones promiscuas hasta el día de hoy, pero sólo a través de mensajes de texto. Y le puse:


io prgto a ls prsnts si no sean psto a pnsr
ksta trra s d nstrs i no dl k tga +
io prgto s n la trra nca abr psdo ud
k s ls mnos sn ntras es ntro lo k ns d
a dslmbr a dslmbr
k la trra es ntra es tuia i d akel
d pdro i mria d juan i jse e e e e e e
si mlsto cn mi cto a algno k and x ai
le asgro ks 1 grgo o 1 dno dl urguai


Y se lo mandé. Me costó dos pesos porque todo no entró en un solo mensaje. Pero ese mínimo gesto comunicacional, minúscula prueba piloto podría decirse, aventó de mí cualquier duda al respecto y despertó una renovada confianza en la acertada determinación de la Real Academia, porque pude comprobar en celular propio que, si bien mi virtual amiga discotera habla cada vez peor, también es cierto que ha perfeccionado su técnica de lamido en cada pasional y húmedo sms que llega a mis manos, que la anhelan lujuriosas (adj. Dadas o entregadas a la lujuria. Lujuria: f. Vcio cnstnt nel us ilcto o nel aptto dsrdndo d ls dleits crnls).

viernes, 11 de enero de 2008

Hambrientos, desprovistos

“Soy de una generación
hambrienta, desprovista.
Ando, busco la caricia,
el roce, para repartir
a manos enteramente llenas
de vidrio picado.”
Eduardo Darnauchans


No me di cuenta hasta que volví a escuchar al Darno, que hoy se debate entre el presente incierto de una clínica privada, hambriento, desprovisto, y la quizás vida posible afuera de los muros de la alocada intemperie del propio dentro suyo, débil, enfermizo, tierno y desguarecido.
Hay una generación perdida en mi país, que puede ser la mía, una generación perdida que al menos se perteneció a sí misma alguna vez.
La que no tuvo pertenencia alguna, cuentan los antropólogos que puede haber existido, que están en eso, que quién sabe, que se verá.
La mía, la que quedó apretada en un almanaque descuartizado entre dos fuerzas opuestas, la que no ejerció la risa en solidaridad con los pertenecientes tristes, la que no le fue la vida en ello, porque la vida estaba en otra parte, justo allí donde nunca quisimos ir.
Por eso tenemos menos que perder que los que lo perdieron casi todo.

Por eso tenemos menos que ganar que los que cierta vez nos hicieron posible.
Por eso no hay quien nos calle la boca, si somos el silencio.
Por eso no tenemos precio, ni nada que ofrecer a quien pretenda comprarnos.
Por eso no tememos perder lo que nunca ganamos.
La mía, la de varios miles que son o están por ser, es jodida y peligrosa. Favor de no acercarse, piden los antropólogos.
Eso sí, nuestra presunta existencia no ha sido corta ni fácil. ¡Qué va a ser!

Conocimos a Mateo, como todos ahora, claro. Vimos los carros de asalto llevarse a los vecinos mientras nosotros nos enterábamos por Totem que Biafra estaba muerta, y nos llamaban a comer para ir a clase y coleccionábamos figuritas del Mundial, antes o después, posiblemente antes que todo esto pasara en nuestras vidas del país. Disculpen la imprecisión. Es que tenemos tantas anécdotas ajenas...
Las nuestras no son heroicas, o mejor dicho sí, pero sólo para nosotros. No trascendieron. Era mejor que fuera así.
Tenemos un pasado de cartoneros. Aprendimos a vivir de lo que otros tiraron, abandonaron o legaron. Por eso nuestros pocos libros venían con tierra de otras casas y otras historias distintas a las nuestras. Y los leíamos con más admiración que atención. Por eso seguimos así dispersos hasta hoy.
Fuimos inimputables, hasta que dejamos de serlo. Ahí ya la cosa fue distinta.
Hay cosas que no entendemos los de mi generación. Será por eso que ya ni los antropólogos nos buscan. Si ni nosotros nos buscamos.
Pero pese a nuestra imprecisión, lo que sí no hemos perdido es la memoria. Será por eso que ni los antropólogos nos buscan.
Soy de una generación hambrienta, desprovista. Y un poquitín caliente, a qué negarlo. Pero no mucho, porque la calentura enceguece, hemos aprendido.
Debe ser por eso que siempre le esquivamos al fanatismo. Si hasta nos sacamos la camiseta del cuadrito cuando nos enteramos de las mafias del fútbol...
Sí, también padecemos ese tipo de anormalidades. ¡Giles! No tenemos pasta de tribuna, y de palco menos. ¿Vio? ¿Cómo le explico?
Nunca supimos gritar a coro.
Jamás nos sedujo la montonera.

Aparte crecimos.
Solos y juntos, decía Alfredo.
Ojalá, replicamos.
El Darno no estaría tan mal si lo supiera.

Aunque a veces no veo a mi generación tan desprovista ni hambrienta. Será cosa mía...
Mi generación muchas veces se olvida de mi generación. Esa –como decía José, y a veces pienso– ¿dónde está? ¿dónde quedó? Ommm. Catarsis.
El Parlamento también es un chupadero de gente.
Preparen a los antropólogos para cuando todo esto pase. Que pasará, y vendrán peores.
El Club del Clan sigue mandando. ¡Alerta!, grita la Falta, que no salió en carnaval.
Dos veces me invitaron a la logia, dos. No señor, yo soy de izquierda, respondí. Ah, no, si éramos tan coherentes...
La logia sigue mandando y mi generación, bien gracias.

¿Será este invierno que sigue aparentándose veranillo? Ay, Santa Rosa, que ese perro no nos muerda. (Vio que tenemos hasta los santos cambiados...).
Así fuimos: ni iglesia, ni fútbol, ni baile de los sábados, apenas alguna novia (pobre) segunda en orden de prioridades.
Y así quedamos, rezongones, idealistas, nostálgicos, ¿setentistas?

Ni siquiera anarquistas, canta La Renga.
Desocupados o malocupados.
Sin rumbo fijo, por suerte.
Sin una ayudita de los amigos, como coreaban los Beatles.
Silbando bajito (cuando nos sale), leyendo otras consignas en las paredes que eran nuestras, rumbeando por otra ciudad que no es la misma, sin haber querido arrimarnos a ninguno de los que hacen favores, con todo esto encima, y sin saber dónde mierda está internado el Darno.

González salpicón (Carnaval 2006)

En tiempos de Carnaval, "González" no podía estar ausente de la gran fiesta de Momo, precisamente por tratarse de un rey (o dios) ficticio, procreado hace décadas por el imaginario colectivo popular, casi igual que nuestra clase política. Por todo ello y mucho más, este es nuestro Salpicón 2006, pergeñado al margen del Teatro de Verano, y sin jurado. (Si gusta, ingénieselas para cantarla con la música de “Nos sobran los motivos“, de Joaquín Sabina).

Estos siglos de espera y desesperanza,
estos años de intentos y frustración,
esta vuelta de tuerca, esta contradanza,
este quiebre de la transa,
estos votos del amor.

Este octubre de festejen uruguayos,
este triunfo que tanta sangre costó,
esta apretada noche de los abrazos,
este primero de marzo
y el tiempo que le siguió.

No abuses de mi filiación,
no traiciones mi inspiración,
tan maltrecha y ajada que está pisada como un sapo.
Por las arrugas de mi honor
se filtra la desolación
y una bandera que me aprieta el cogote
como un trapo.

¡La tricolor,
la que en todas las esquinas levantamos!

Este cambio de acera de tus caderas,
este cruzar la calle sin avisar,
esta vuelta carnero
(¡carnero!, grita el coro)
de mi bandera
(¡cual retazo!, cantan los segundos)
aborto de una quimera,
caída de un antifaz.

Esta sonrisa de líder evangelista,
este dique de hijastro de barba azul,
este cambio de paso de un izquierdista,
de masón equilibrista
(¡librista!, corean los utileros)
que trocó milonga en blues.

No uses la desinformación,
no siembres desmovilización,
que el comité de base está vacío
y en la lucha.
(¿cómo hace?, interroga la platea)
Escuchá, ya suena su voz,
alta, bien alta, llega hasta el sol,
y se hace mierda a más de 15.000 grados,
nadie escucha.

Lo que te iba a decir,
¡qué tiempo perdido!, ay, la pucha.
(¡asamblea!, exige la tribuna)

Este legislativo que no legisla,
este nostálgico poder judicial,
este estado laico que se persigna
junto al opus dei en fila
y el corso ministerial.

Este cuartel abierto a concubinatos,
(¡pecado!, condenan los opusdeístas)
este artículo cuarto que no cayó,
este guiño que, oculto tras los harapos,
de la banda y de los bandos,
la impunidá aseguró.

No confiés en el batallón,
no abracés al que te arrastró
por la celda, el plantón, la picana,
la máquina de tortura.
No negocies una vez más,
no te olvides del club naval,
y aunque mucho te cueste
rumbeá pa’l lado de la cordura.

¡Que vivos los llevaron
y no aparecen sus sepulturas!

Esta lágrima de hombre de las cavernas,
(¡no sea nabo!, grita la oficial)
que la tierra orientala catapultó
desde el aljibe hasta la cuenca papera,
hijo de la tatucera,
al codiciado sillón.

Estos peludos que, sin peluquería,
con su roña ocuparon lo que él planteó,
hoy lo interpelan, le exigen, lo desafían,
le preguntan por qué evita
que pueda haber bella unión.

No me toques la ocupación,
no reniegues de esa pasión,
la que fue causa y lucha del bebe,
tu viejo compañero.
Estos tupamaros de hoy,
imperialistas, ¡qué los parió!
borraron con el codo
lo que escribieron con los fierros.

¡Toda la tierra para el que la trabaja
y deja el cuero!

Esta añeja ministra militarista
y aquel otro ministro neoliberal,
este tozudo arana antiecologista,
lepra, rossi, ay josé díaz

(quien lo desee, actualice con tourné)
que al pueblo mandó balear.

Estos presos políticos progresistas
que contra bush quisieron manifestar,
sin garrotes, sin chumbos, sin una pica,
ahogando su rebeldía
en plena cárcel central.
(¡sediciosos!, grita... alguien)

No me acuses de sedición,
no me encierres en tu prisión,
no te olvides que un día contigo,
hermano, hicieron lo mismo.

No fomentes la indignación,
no premiés al que me encerró,
mirá que siguen siendo
los mismos milicos del genocidio.

Y nosotros los que seguimos pidiendo
¡juicio y castigo!

(¡se escucha, se escucha,
arriba los que luchan!,
grita irma leites
mientras también la procesan,
y zabalza pinta un paredón)


Estos arrepentidos de su pasado
(¡stop!, ¡stop!
¡paren con el sensacionalismo!,
grita fasano desde el mostrador
de la pasiva tomándose un medio
y medio con eddie espert)
(¡no les hagan caso, compañeros!
¡sigan así, que van bien!,
replica desde la 36 eduardo rubio
abrazado a helios sarthou)


Habla el director:
está bien, muchachos, tienen razón,
esto se está haciendo más largo que la
lista de promesas incumplidas de Tabaré,
pero paren con el tironeo de uno y otro
lado, que no somos tupac amaru.
(¡tupamaaaaaros!, canta Fernández H.)

Resumamos:

Esta futura planta contaminante,
esta materia que el doctor olvidó,
este pit cnt que toma sedantes,
la dinama inoperante
y el pucho que se prohibió.

Este corte de rutas que no se acaba
y que a lescano hasta el sueño le quitó,
(¿qué sueño?, susurra bordaberry)
don mario benedetti haciendo la plancha,
galeano advirtiendo ¡guambia!
y el movitdes robinsón.

Este tratado con estados unidos,
que a alguna militancia desconcertó,
este futuro alca en nuestros dominios,
este síndrome de niños
con trompo nuevo y yo yo.

Estas tropas enviadas a los haitianos,
esta maniobra unitas, otro traspié,
este chifflet dignísimo y soberano,
esta entrega, este senado,
y la rosa de lorier.

Esta estatua del papa amenazadora
por siniestra, macabra, horrenda y fatal,
esta venganza de maría auxiliadora,
el pepe batlle que llora
con cotugno en festival.

Este banquete para garcía pintos,
este festejo para pablo millor,
este julio maría pegando brincos,
la alegría de jorgito
que pacheco ni pensó.

Estos ascensos a represores viejos,
serrón, guarino, erode ruiz y rolán,
dalmao, maglioca, sasso, fleitas, rivero,
los nombres que no sabemos
y los otros que vendrán.

Este plan de emergencia a paso ‘e babosa,
el nuevo ministerio que se inventó,
la línea de pobreza ensancha su fosa,
ya ni reclama otra cosa,
sabe que siempre perdió.

(¡déjense de inventar!,

aúlla la prima hermana de otro nuevo acomodado)

Este acuífero en el que afila sus garras
por las buenas o malas george doblevé,
este triunfo en el plebiscito del agua,
esta traición por la espalda,
este decreto antiley.

Las privatizaciones que se le suman,
que, tercerizaciones, mejor dirán,
las que ya están o esperan en afe, pluna,
en antel, ancap y alguna
otra que no escapará.

Este privilegiado juan lópez mena,
que en todas las campañas jugó el papel,
todo este monopolio de la naviera,
que tres puertos consiguiera
sin los mozos de cordel.

Los productores votaban a los blancos
pero eligieron darle oportunidad,
le confiaron sus votos al frente amplio
pero hoy andan a los saltos
con orden de ejecutar.

Algo muy parecido le pasó a fucvam
desde que se extravió el fondo nacional,
el cooperativismo ya no se usa,
está mal visto, se rehúsa
en un estado liberal.

Aún recuerdo cuando manifestaron
al máximo balneario y batlle prohibió
su ingreso al país extranjerizado,
y el gremio que cortó el paso
fue el que este año marchó.

(¡vamo’ la policía!, azuza rivero desde
su nuevo cargo de presidente de la
junta asesora de servicios policiales)


Mas, como las mujeres están primero,
hoy vamos a dejarlas para el final,
como hará el presidente si el parlamento
les vota sin ningún pero
la ley que deja abortar.

Ahora tenemos otra para el rosario,
y esta tiene que ver con la secta moon,
parece que gonzalo, ese secretario,
resultó ser abogado
del reverendo y su troupe.

En tanto, en los hospitales del estado
la bronca va creciendo y ni gasa hay,
los enfermeros luchan por su salario,
por lo que falta al usuario,
y si ambos se juntan ¡guay!

Pero si la encaramos por la enseñanza,
veremos que la cosa no va mejor,
con estas cifras del presupuesto en danza,
que para brovetto alcanzan
porque él ya se recibió.

Ay, bonomi, supongo ya habrás pensado
cómo reestatizar la jubilación,
porque si eso votaste hace varios años
pienso no te has olvidado,
¿o acaso se te olvidó?

De la generación de empleo no te hablo,
soy conciente de que es un asunto lento,
por eso te propongo, y no me lo cayo,
rentale a los sin trabajo
un ómnibus pa’ fray bentos.

Con unos pocos pesos arreglás todo,
no precisás hablar al mago de oz,
sólo tendrás que trabajar codo a codo,
entre dioxinas y moho,
con maría julia muñoz.

Qué vamos a decir de astori y su gente
que no esté escrito en algún baño rural,
si junto a lepra han sido los más coherentes
en esta patria obsecuente,
¿quién se asombra?, es lo que hay.

Con arana y gargano pasa lo mismo,
ya la cosa no da ni pa' enojarsé,
mariano sigue disperso con su lirismo
y reinaldo es, ya se sabe,
el último en enterarsé.

Cerramos el recuento con víctor rossi,
bien, con esto el recuento ya llega al fin,
sólo unas palabras de vázquez, no, si,
difícil rimar con ossi,
más que él con fmi.

Por suerte apenas sólo somos tres palos
de gente adentro de este país del sur,
que en el exilio queden los exiliados,
pa’ no ver desde el tablado
el raje del mercosur.

Cuando en lugar de hola digamos jélou,
cuando digamos bái en lugar de adiós,
cuando te vayas con tu bonito pélou,
con bush, en ese crucero,
de cónsul en washingtón.

Mientras chávez enfrenta a los imperiales,
mientras fidel y el pueblo cumplen su rol,
mientras bolivia espera que evo morales,
y chiapas, subcomandante,
por una patria mejor.

No esperes mi claudicación,
no te sientas mi amo y señor,
lo dijo artigas,
somos ingobernables los orientales.
No traiciones a mi nación,
no me rompas el corazón,
nunca te olvides
que todas las cuentas son cobrables.

No me engañes con tu candor,
no desates mi indignación,
que en muchos años
de gobiernos sumisos fuimos curtidos.
No te creas mi redentor,
no negocies con el traidor,
que la razón y fuerza están con nosotros,
no contigo.

Para gritar, con dios (momo)
¡a todos nos sobran los motivos!

jueves, 10 de enero de 2008

El sueño explícito

“Para mí, la utopía no es una construcción ideal; está estrechamente ligada a la noción de acción, de transformación, de novedad, de lo concreto. No se trata para nada de una ficción”.
Betinho.


El sueño alcanzable.
El que cuesta más resolución que sacrificio.
El que da gusto parir.
El que no está en el horizonte sino a nuestros pies.
El cotidiano ineludible.
El peligroso.
Para ese sueño te invito.

El de las vísceras.
El que se puede respirar, palpar, oler, amar, escupir.
El que tiene más rendijas que nuestro techo y más fisuras que nuestro hígado.
El que se duele y sana.
El que no nos promueve en superhombres, el común, el liso y llano.
El que no existe sin nosotros.
El sueño vital, sin el que no podemos seguir vivos.
El que nos cierra la garganta para abrirla en nuevos cantos.
El impostergable.
El que tiene por espejo nuestro rostro.
El que se puede abrazar, leer, morder, alimentar.
El que come de nuestra mano pero no nos obedece.
El rebelado revelado.
El propio y el ajeno.
Para ese sueño.

El impasivo.

El habitual.
El que nos moja la oreja.
El que jode llevarlo puesto.
El que más jode cuando lo perdemos.
Ese chiquito como un crío.
Amamantable y sediento.
Insaciable y comprensivo.
El que se sienta a esperarnos.
El que jamás se cansa.
El que no anima la fiesta ni recibe regalos, pero la hace posible.
El que no cobra interés.
El pobre diablo y pobre dios.
El resurrecto insurrecto.
El que se yergue común.
Para ese y no otro.
El calentón apacible.
El que a diario nos confronta.
El que no se salva solo.
El utilitario como una olla.
El que nos hierve.
El no iluso al uso.
Ese que sabe cuando no estamos para él y se va callado.
Ese que vuelve por él.
El que perdimos en la práctica de la teoría. En la mala praxis de un traidor a sueldo, de escritorio o barrio.
El que no se degrada, recicla ni elimina por los poros.
El que se absorbe y no se hereda ni traspasa.
El que sólo se descubre, y sino no es.
El que gotea en la noche y no te deja dormir.
El que se anuncia en señales de humo y goma quemada.
El que te acusa de otro.
El que te advierte.
Para ese sueño nomás.
Salí por él. Despacio, que se espanta.
Llamalo sin palabras. No las usa. Ya son muchas.
Escuchá su voz, en vos.
Luego, no hay marcha atrás.
Dejarás de pertenecerte y de pertenecer.

Los amos del mundo procurarán quebrarte con bienes o con balas.
Los cobardes intentarán seducirte en pos de ésos sus amos.
Tu más piadoso amigo cobrará treinta dinares a cambio de tu paradero.
Excomulgarán tu nombre en las iglesias que los poderosos poseen en cada pueblo.
Te expulsarán de parlamentos y casas de gobierno.
Te negarán tres veces y quince y cien y mil antes que el gallo cante, que cantará por vos.
No existirán coartadas para tus no crímenes, pero sí juzgados que los condenen como tales en juicio oral, público y orgiástico.
La masonería insistirá sólo una vez, por si acaso un nuevo líder si incondicional.
Los soldados seguirán tus huellas, pero nunca serán tan astutos como para encontrarte.
Los arrepentidos buscarán que te arrepientas.
La televisión ortiba, sumisa y obsecuente te escrachará en imágenes de frente y de perfil.
El jefe de policía coordinará tu captura con el juez y la interpol.
El Departamento de Estado no, el Departamento de Estado proseguirá justificando cada invasión.
Y entonces habrá que huir hasta que aclare.
Si es por mar y en un buque de guerra te cercará la UNITAS imperioprogresista.
Si es por tierra y en un tren militar, cosa extraña, posiblemente AFE resuelva confiscarlo y luego lo privatice.
Si es por avión, ídem Brasil.
Mejor será de a pie y al descampado, a lo guacho y solo, hasta que encuentres a quien debés encontrar.
No desconfíes.
Los reos del sistema siempre se encuentran y confabulan muy peligrosamente a por la tierra-patria (com)prometida.
Y desde allí comenzará todo de nuevo.
Nuevas soledades y persecuciones.
Escondites, amaneceres por venir y provocar.
Y otros que breguen por el sueño alcanzable.
El que cuesta más resolución que sacrificio.

El que da gusto parir.
El que no está en el horizonte sino a nuestros pies.
El cotidiano ineludible.
El peligroso.
El de las vísceras.
El que se puede respirar, palpar, oler, amar y escupir.
El que tiene más rendijas que nuestro techo y más fisuras que nuestro hígado.
El que se duele y sana.
El que no nos promueve en superhombres, el común, el liso y llano.
El que no existe sin nosotros.
El sueño vital, sin el que no podemos seguir vivos.
El que nos cierra la garganta para abrirla en nuevos cantos.
El impostergable.
El que tiene por espejo nuestro rostro.
El que se puede abrazar, leer, morder, alimentar.
El que come de nuestra mano pero no nos obedece.
El rebelado revelado.
El propio y el ajeno.
El impasivo.
El habitual.
El que nos moja la oreja.
El que jode llevarlo puesto.
El que más jode cuando lo perdemos.
Ese chiquito como un crío.
Amamantable y comprensivo.
El que se sienta a esperarnos.
El que jamás se cansa.
El que no anima la fiesta ni recibe regalos, pero la hace posible.
El que no cobra interés.
El pobre diablo y pobre dios.
El resurrecto insurrecto.
El que se yergue común.
El calentón apacible.
El que a diario nos confronta.
El que no se salva solo.
El utilitario como una olla.
El que nos hierve.
El no iluso al uso.
Ese que sabe cuando no estamos para él y se va callado.
Ese que vuelve por él.
Aunque nada de esto es seguro, claro...

Cicatrices en el barro

“Los lastimados son peligrosos,
porque saben que pueden sobrevivir”.
(de la película “Una vez en la vida”).


Por esta calle pasó el Quijote hacia el exilio literario e ideológico. Por aquí anduvieron los últimos desterrados de la luna. Aquí empezó la sombra del ibirapitá.
En este sitio quedaron truncas las últimas estrofas del Estadio de Santiago. Por estas calles bailaron los derrotados una vez. Aquí Rivera fue el primer asesino institucional. Aquí murió la flor.
En esta sombra fusilaron al poeta antifranquista cuando la luz no asomaba. En estos muros quedó la suerte echada, dos metros bajo tierra. Aquí crecieron los insultos a la vida. Aquí empezaron las desapariciones.
Por este cielo de tierra encapotada sobrevolaron los aviones enemigos. En estos surcos abiertos nacieron el hambre y la indigestión. Aquí dividieron los panes. Aquí dijeron de la imaginación.
Por estos barrios comenzaron el adiós definitivo, el último apague la luz y vivos los queremos. En este charco halló su muerte el horizonte alcanzable. La belleza aquí abortó en una escuela boliviana, fosa común.
En este pecho nos empezaron a encerrar la bronca. Aquí lo flaco se hizo menos, y lo gordo reventó. De aquí crecieron los barrotes hasta atravesar las nubes y hacer llover sin oficiales registros pluviométricos. Aquí clonaron la desesperación.
De aquí partió Carlitos a romperse la sonrisa con las hélices. En este templo se quedó Romero sin su amén. Aquí los antropófagos viven en Carrasco, con diet cola light y sin colesterol.
En estas horas se amasaron las fugas a medianoche. Aquí Neruda escribió la angustia y la vergüenza en Isla Negra. De aquí salieron los incendiarios a quemar las bibliotecas y los bibliotecarios, los libros enterrados y sus enterradores. Aquí pecamos de viveza criolla y de garra charrúa. Aquí el espejo nos miró.
En este cerco Guyunusa fue arrancada de los suyos y exhibida a los turistas. Aquí hubo un Salsipuedes. Aquí estuvo un sí podré. Aquí la libertad tuvo principios y finales. Aquí soñó el ahora con un en tanto y con un después.
Aquí temblaron los naranjos cuando Víctor rompió la rosca de la cordura. Aquí Alfonsina encontró el mar. Por estos ciegos Chaplin quebró el bastón.
Aquí Obdulio se fue al reino de los cielos sin pelota. Aquí dios marró un penal. Aquí festejamos todos desde el cincuenta hasta el setenta y tres.
En este piano John Lennon se imaginó seis balas. En esta tela Van Gogh se mutiló el rencor. Aquí la culpa comenzó a tener sentido. Aquí nacimos de un pecado demasiado original. Aquí supimos que el amor se paga.
Aquí creció la patria desde la Agraciada. En este suelo una emboscada acorraló a Sandino y otra autoemboscada a los sandinistas. Aquí cayó un Zapata, que parió un Marcos. Aquí anduvimos y andamos sublevando montes y veredas. Aquí se armaron las mil certezas en Girón.
Aquí supimos demasiado. O no supimos. Aquí Sendic se organizó. En este escombro yace hoy toda la gloria de occidente. Aquí un bendito se cagó en nosotros. Aquí la foto se veló.
Por estos huesos resistió toda una tierra ingobernable. De aquí marcharon enfilados los expulsados del confort. De aquí partieron desahuciados los inquilinos del barrio patrimonial.
Aquí pelamos los cables en el agua. En esta guerra -que no hubo- nos vencieron la biblia y el calefón. Aquí nos arruinaron la fiesta con el catecismo y la deuda externa. Aquí Robinson se aisló.
Por el aquí matamos y morimos con distinta impunidad. Aquí canonizaron la frivolidad y el consumismo. De estos huecos de palabras se alimentó la poesía. Aquí el rengo cantó y el mudo caminó. Aquí se entreveraron los papeles.
Fue aquí que el cordero devoró al lobo. Aquí que Gandhi quiso morir en paz. Aquí que Luther King le fue en la zaga, racial. Aquí que Malcolm X. Aquí Camilo, Mugica, Líber Arce y Susana Pintos. Por estas hambres aprendimos a robar. Por estas sangres aprendimos a matar.
En la cara de estos tristes desató su carcajada la soberbia. En estos niños un teniente, un general y un cabo desagotaron su sexo. Aquí la URSS perdió por goleada (y robo sic) y nos dejó a todos en orsái. Aquí la China se hizo ex comunista y Sendic hijo directivo de Ancap.
Aquí Edith Piaf se fue a volar con los gorriones antinazis. Aquí Chabuca sudamericanizó el vals. Aquí el Choncho se pintó la cara y quedó afuera del tablado de la vida. Aquí Mateo no limosneó a la muerte ni un día más. Aquí Alfredo comenzó a tomar. Aquí Violeta abrió su vientre para parir todas las artes.
En este sitio inventaron la intemperie, el invierno y los niños de la calle. Por este lugar nacieron la pasta base y los narcos influyentes. De aquí partió Bolívar a liberar liberar. En esta boca abierta volcó el yanqui su inmundicia. De aquí partimos todos una vez para ganar. Aquí perdimos hasta la teoría, pero ganamos la mala praxis. En este encierro en celo aprendimos a aguantar.
Aquí no hubo bandera sin su puño. Aquí encendimos todos los por qué. Aquí sociabilizamos la ternura con dureza. Aquí nos rebelamos contra el fraude. Aquí aprendimos que se puede sobrevivir, si acaso, un carpe diem.
Respétenos señor.
Respétenos la piel el mismo sol. Respétenos la sed el ojo de agua. Cuídese de nuestra ira el que anda ileso. Cuídese de nuestra derrota el que venció.
No nos toquen una sola hectárea más. No nos pinchen una sola vena más. No nos criminalicen una sola idea más. Que aquí quedamos todos los lastimados vivos. Que aquí estamos todos los que volvimos por nosotros. Enteros, si unimos cada parte.
Respétenos señor.
Que nuestra sangre no se vuelve a negociar. Que aquí seguimos los reivindicadores de nuestra dignidad. Que aquí estamos los hacedores del pasado, del presente y del futuro. Que aquí los brazos están solos pero juntos. Que aquí no hay nada más que hablar.
No se vaya a equivocar.
No subestime.
Respétenos señor.
Que aquí, aunque apenas un solo diente de raíz expuesta le va a morder el rastro hasta alcanzarlo. Que aquí, aunque parientes del olvido, sabremos recordarle sobre nuestra existencia. Nosotros, los de la raíz expuesta, los descalificables radicales con dientes de morder.
Aquí estamos los lastimados del sistema.
Aquí los presos de la libertad condicional.
Aquí los sucios de la muerte inmaculada.
Aquí los nietos de los padres de los padres.
Aquí los cientos de los miles de los miles.
Aquí los tuertos de la vista panorámica.
Aquí los quietos del temblor preestablecido.
Aquí los punibles de la no pretendida caducidad de nuestra debida desobediencia civil y militar.
Aquí los nadies, clandestinos y legales.
Aquí los parias de las leyes contra el hombre.
Respétenos el asco.
Respétenos el amor sin término. Respétenos el dolor sin límite. Respétenos la adhesión y la discrepancia. La militancia sin envase. La solidaridad sin condiciones con todos los ninguneados del planeta entero, con los que no son tapa, ni almuerzo de trabajo, ni cumbre entreguista, ni vergüenza propia, ni marqueting de laboratorio, ni oferta for export, ni encuesta, ni estadística, ni patota de estadio, ni murga obsecuente ahora.
Y piense que lloramos. En público. Con bronca. Y no moqueamos. Lloramos en serio. Hasta todo el planeta inundado por el nuevo diluvio existencial continental.
Respétenos señor, una vez más. O de una vez por todas. O por primera vez, si no lo hizo antes.
Respétenos. Respétese.
Reduzca la pena, cambie la carátula, excúsenos con la mejor artimaña que se le ocurra. Eso es al margen.
Use sus digitadas armas leguleyas, sus estrategias constitucionales, sus decretos a fórceps.
Vétenos.
Bótenos fuera.
Convoque sus ejércitos de poder independiente, vengativo, revanchista, matón, impune.
Llame a sus iguales.
No los busque por aquí.
Consulte a su Inteligencia personal y traicionera.
No pida datos aquí. No suplique nuestra ayuda. No comprometa, por favor. Y haga lo que mejor le plazca, pero en otro lado. Que su placer no es el nuestro, ni el nuestro el suyo.
Respétenos.
Respétese.
Porque aquí nadie hizo nada por nada. Y ya todos conocemos lo que no hay que volver a escribir con la misma tinta, pero que sí hay que volver a escribir.
Respétenos la vida, el timbre, el teléfono, las alpargatas, el pan, los crisantemos, las manifestaciones, el silencio y la palabra.
Y avise antes.
Por las dudas.